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Laberintos

El término laberinto tiene dos orígenes, del latín labherinthus y del griego labyrinzos.

LABERINTOS

 

El término laberinto tiene dos orígenes, del latín labherinthus y del griego labyrinzos. Es una construcción con características arquitectónicas especiales, formado por calles y encrucijadas, pueden ser a base de círculos o rectas, y en el cual su entrada es conocida y no el camino de salida.

En general se acepta clasificarlos en dos categorías dependiendo de la relación existente entre la entrada, el centro y la salida.

El primer grupo está integrado por los laberintos clásicos, llamados univario, es el que hace un recorrido para ingresar al centro a través de una sola vía, camino o sendero, no existe la posibilidad de tomar caminos alternativos, pues no tiene bifurcaciones.

El otro grupo está integrado por  los llamados laberintos mazes, perdedores. Son laberintos que presentan caminos alternativos y en los cuales uno puede haber elegido un sendero incorrecto que nos lleva a un callejón sin salida o por lo contrario haber tomado el correcto que nos conduce a la salida.

Los laberintos de forma rectangular o cuadrada son los más antiguos que se conocen, siendo la primera representación gráfica encontrada de uno en una tablilla de Pilo. Se las ha encontrado también constituyendo un sello en algunas tumbas  del Antiguo Egipto.  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los laberintos en forma circular o redonda  aparecieron en  la Italia etrusca a fines del siglo VII AC., encontrándose representados en las monedas de Cnosos a fines del siglo III.

Se han elaborado diversas explicaciones al porqué se construyeron, desde Ritos iniciáticos hasta considerarlos que constituían una forma de simbolizar el paso de la vida hacia la muerte. También como expresión de la dificultad de alcanzar la meta de la Vida.

Jorge Luis Borges estaba fascinado con el concepto  del laberinto y lo utilizó en el desarrollo de varias de sus obras.

Para Borges el laberinto simboliza el proceso transformador de la experiencia humana donde el viajero constantemente se encuentra con  la destrucción pero también con la construcción.

Uno de sus poemas se llamó precisamente "Laberinto del Tiempo" y dice así:

Soy el que pese a tan ilusorios modos

De errar no ha descifrado el laberinto

Singular y plural, arduo y distinto

Del Tiempo que de uno es y es de

Todos, soy el que es  nadie, el que no fue una espada

En la guerra, soy eco, olvido, nada.

 

El significado cultural y la interpretación del laberinto como símbolo son amplios y ricos. Está presente en diversas culturas, épocas y lugares, presentándose como un símbolo vinculado a lo espiritual.

El simbolismo en sí  se convierte en la forma más adecuada para trasmitir conceptos y significados  no solamente racionales, sino como vivencia peculiar, dado que constituye un lenguaje sintético, intuitivo e imaginativo integral, con una gramática propia en contraposición del lenguaje común  objetivo y analítico.

En muchas iglesias católicas es posible encontrar laberintos trazados en el piso como puede verse en la Catedral de Chartres del siglo XIII y en la Catedral de Amines en Francia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Laberinto de la Catedral de Chartres

 

Existen laberintos en Inglaterra hechos en césped conocidos como "Laberintos de la ciudad de Troya", posiblemente llamados así por los romanos por una danza laberíntica ejecutada por jóvenes aristócratas en honor al antepasado de Augusto, el troyano Eneas y que según Plinio bailaban incluso los niños.

Parece ser que este tipo de Danza laberíntica fue llevada a Britania desde el Mediterráneo Oriental por agricultores en el siglo III, análogos a los británicos hechos en césped; existían similares laberintos toscos en piedra en Escandinavia y el norte de Rusia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Laberinto de césped, Londres

 

 

Uno de los más importantes significados de laberinto como símbolo está asociado a Rituales de iniciación, representa la búsqueda de un centro personal de sí mismo del ser humano. Para el encuentro de tan preciado hallazgo se requiere un Ritual iniciático que implica superación en distintas etapas de  una prueba.

El camino del laberinto es un peregrinaje, es la muerte del hombre antiguo y el hallazgo del "centro", representativo de un nuevo nacimiento.

En algunos Rituales iniciáticos más modernos, siglo XVIII, el peregrino realizaba unas vueltas más o menos circulares (o marcando rectángulos) y que  en forma progresiva iba eliminando (o superando) obstáculos para encontrar luego un sendero recto que lo llevaba al centro donde percibía una Luz  y representando el nacimiento de un nuevo ser.

No es de extrañar que el laberinto se halle también en el complejo mitológico griego. En él se encuentra un personaje singular: Dédalo, hijo de Eupálamo y padre de dos hijos Ícaro y Yapige.

Dédalo era considerdo un arquitecto y artesano muy hábil, pero muy orgulloso y no soportaba tener un rival que era el hijo de su hermana, llamado Perdix, a quién le había enseñado artes mecánicas.

Como anécdota colateral, Perdix era muy imaginativo y dotado de gran ingenio, habiendo encontrado una espina grande de pescado la imitó tomando un trozo de hierro cortando su borde e inventando la sierra. Así mismo tomó dos trozos de hierro uniéndolos por un  extremo con un remache y afiló los  dos extremos opuestos creando el compás.

Dédalo lo mata arrojándolo a un abismo, siendo juzgado por este hecho y desterrado  de Atenas llegó al reino del Rey Minos.

El Rey Minos quería encerrar al hijo monstruoso de su esposa Pasifae (maldecida por Poseidón), el Minotauro, y le pidió a Dédalo que construyera el famoso laberinto, en la isla de Creta. El mismo consistía en un edificio con incontables pasillos y calles sinuosas abriéndose unas de otras pareciendo no tener principio ni final y en él, en el centro, encerró al Minotauro.

Como consecuencia de una guerra con los atenienses, estos debían enviar alimentos, 7 doncellas y 7 mancebos para calmar al Minotauro, ninguno de los encargados de esta tarea regresó con vida.

Teseo, hijo de Egeo y  Etra (aunque hay versiones que su padre era Poseidón) se ofrece voluntario de ser el  encargado de llevar la "ofrenda" al Minotauro con la intención de eliminarlo.

En la mitología Teseo siendo niño es criado por su abuela, pues temiendo por su vida se lo entrega. Egeo esconde un espada y sandalias debajo de una enorme piedra, que sólo podría se levantada cuando Teseo siendo  mayor pueda rescatarlas y utilizarlas.

Teseo recupera la espada y las sandalias y emprende su empresa llevando consigo un ovillo de hilo que Ariadna enamorada de él le da con la finalidad que ate un extremo en la entrada y lo vaya desenvolviendo hasta hallar al Minotauro y así, siguiéndolo de guía, podría retornar sin perderse. Teseo cumple con la hazaña y regresa a Atenas con Adriana y es conocido como hijo del Rey Egeo.

De acuerdo a todo lo expuesto  se pueden elaborar diversas interpretaciones.

En sí el laberinto es nuestro recorrido en el tiempo de vida, en busca de un camino que nos lleve a un Centro de Luz y Sabiduría, de encontrar una trascendencia y la Verdad de una Unidad Existencial.

Muchos obstáculos interfieren en esta búsqueda que deben ser vencidos con esfuerzo y tenacidad.

En esta búsqueda se nos presentan caminos alternativos, sendas que  nos ilusionan  y nos llevan a un callejón sin salida. Pero si persistimos en el intento y  llegando al Centro logramos una real-ización, guiados por cual Hilo de Adriana regresamos para cumplir con  nuestro deber.

Junio, 2014





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