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Solsticios Y Equinoccios

El tema que nos ocupa en este artículo no escapa a la posibilidad de una doble interpretación: una desde el punto de vista estrictamente científico físico-astronómico y otra que pueden ser simbólicos, que nos ubica en una visión diferente.

SOLSTICIOS Y EQUINOCCIOS

 

El tema que nos ocupa en este artículo no escapa a la posibilidad de una doble interpretación: una desde el punto de vista estrictamente científico físico-astronómico y otra que pueden ser simbólicos, que nos ubica en una visión diferente.

Ya hemos en otras publicaciones de esta página planteado e insistido sobre la fundamental trascendencia que nosotros le otorgamos al Mito Supremo de la Esperanza que se mueve en un ciclo  permanente desde una actual presencia a un olvido (aunque tácitamente  sea parcial) hasta que retorna con su vigor vitalizante.

Lo que es más importante y queremos destacar básicamente es ese re-nacer de la Esperanza (como fuerza-vector libre) que es el “en sí” del Alma o de la Conciencia, y que desde tiempos inmemoriales (quizás seguramente desde el comienzo de la humanidad) fuera festejado (o conmemorado) con el Simbolismo Solar.

 

Nos referiremos en primer lugar al aspecto físico- astronómico.

Los solsticios y equinoccios responden a un Orden primordial. En su desplazamiento espacial, nuestro planeta Tierra girando alrededor del Sol describe una órbita elíptica por lo cual en ciertas determinadas circunstancias se encuentra a una distancia más cerca del Sol (son los denominados solsticios) y en otras ocasiones más alejada marcando los que llamamos equinoccios.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Gráfico con el solsticio y equinoccios

 

Desde Galileo se conoce que debido al eje de la Tierra que se encuentra inclinado respecto al plano de la órbita elíptica que mencionáramos, genera que en su proximidad con el Sol y debido precisamente a esa inclinación, haya una diferencia de la acción de los rayos solares en un hemisferio con respecto del otro y que se manifiesta en el Verano y el Invierno que se oponen en los hemisferios.

En los equinoccios, donde la Tierra está a mayor distancia del astro solar se produce algo similar con el Otoño y la Primavera.

Todo este “mecanismo” de la mecánica celeste denota indudablemente la existencia de un equilibrio que en cada ciclo (corresponde a un año) y en cada etapa establecida por los equinocios y los solsticios permite que la Primavera renueve la vida en todo su esplendor preparando para que, luego de transcurrido el Verano, el Otoño ofrezca una etapa de recambio, propiciando las condiciones de un nuevo Invierno con su letargo, donde todo se retro-elabora esperando el momento en que las condiciones estén nuevamente en equilibrio para la re-creación (re-nacer) con la Primavera completando así el ciclo.

Los días 21 de marzo, de junio, de septiembre y de diciembre son los que señalan un punto de inflexión que corresponden al paso de una instancia a otra.

 

El esquema geométricamente se corresponde a una Cruz, en el centro de las rectas Norte-Sur y Este-Oeste se ubica el Sol.

Los antiguos concluyeron en sus hipótesis que los puntos cardinales se relacionaban con los cuatro elementos básicos fundamentales en el desarrollo de la vida: Tierra, Agua, Aire y Fuego.

Igualmente establecieron que el punto cardinal Norte y el elemento Tierra corresponde a la estación Primavera y que el  punto cardinal Sur corresponde al elemento Agua y al Otoño. Al punto cardinal Oeste el elemento Aire correspondiendo a la estación Invierno mientras que al punto cardinal Este el elemento Fuego y la estación Verano.

 

Desde el punto de vista Astrológico y por otra parte en correspondencia igualmente a un fenómeno psicológico, es una realidad el viaje del Sol en esa franja de la esfera celeste que llamamos “Zodíaco”.

Entonces, sobre la Cruz astronómica que mencionáramos en el párrafo anterior, se ubica otra que podemos llamar “psicológica” o más bien “mitológica”, que está determinada por el paso aparente del Sol por los puntos de la esfera celeste llamados Aries, Cáncer, Libra y Capricornio.

Aries-Fuego, Cáncer-Agua; Libra-Aire y Capricornio Tierra.

Tendríamos pues en el punto cardinal Norte a Capricornio-Tierra y estación Primavera. En el punto cardinal Sur a Cáncer-Agua y la estación Otoño. En el Este tendríamos Aries-Fuego corresponde el Verano y en el Oeste Libra-Aire al Invierno.

 

                           

 

Gráfico de la cruz astronómica y mitológica

 

Desde cierto punto de vista la esfera celeste parecería un colosal reloj preciso que junto con las horas y los días marcan el ritmo de la Naturaleza.

El hombre no tardó  mucho en aprender a leer este “reloj” para su actividad agrícola: roturar (preparar el terreno), sembrar y cosechar quedando asociadas estas etapas no solamente al calor o al frío sino también a las vicisitudes, alegrías y esperanzas de vida.

Podemos suponer o imaginar que tampoco tardó demasiado tiempo en deducir consecuencias: así como el Sol se levanta al amanecer, llega a su culminación al mediodía y se pone al anochecer para resurgir después de la negra noche nuevamente en otro amanecer; también nuestra vida tiene un nacimiento, una madurez y una muerte.

¿Porque no tendrá una mañana?

Regresemos a los Solsticios y Equinoccios.

21 de Junio, Hemisferio Sur-Invierno (en el Norte Verano) noche de San Juan, celebramos la “noche más larga” del ciclo solar anual.

Noche en la cual se acostumbraba a prender fogatas y que antiguamente a su alrededor se juntaban muchas personas y se hacía propicio a tertulias hogareñas y colectivas matizadas por narraciones y anécdotas.

Noche de Esperanza. Esperanza que la beneficiente Luz del Sol brillaría nuevamente en todo su esplendor. Es la noche que marca el re-nacer posible de la vida. Porque así como hay un atardecer y una noche hay un nuevo mañana con su amanecer.

Solsticios y Equinoccios  marcan claramente ciclos del año solar, tiene sus equivalencias en el día nuestro de 24 hs., los equinoccios representarían  la aurora y el ocaso, los solsticios el mediodía y la media noche.

Pausas de la Naturaleza, cambio de actividad.

El hombre obviamente es una criatura natural, es parte integrante indivisible de la Naturaleza y no puede evadirse de sentirse arrastrado en cierta manera del ritmo que marcan los ciclos.

Madrugada y Primavera, juventud para iniciar la actividad, mediodía y  Verano oportunidad de contemplar la obra en marcha, y Otoño y atardecer hora de recoger el fruto de lo sembrado y prepararse para la noche con sus sueños y recuerdos, donde residen los proyectos, propósitos y anhelos de reparación y enmienda.  -Es la preparación para el próximo amanecer.

Pausas entre dos actividades, son los momentos propicios para que el Hombre pueda oír y escuchar.

 Algunos sostienen esotéricamente que en realidad  lo que se celebraba no era a San Juan Bautista sino al Dios profano Janus.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dios Janus

 

Dios de doble cara, una mirando al pasado, otra mirando al futuro.

Dios de las Puertas y de las Iniciaciones.

¿Es emblemático de la posibilidad de pasar de una esfera a otra, de un plano de actividad a otro?

Al margen de todo tipo de conjeturas y consideraciones la realidad es que siempre  se trató de una solemnidad de recordación  de la Luz, aunque  fuese interpretada de diversas maneras: como Luz Solar, Luz del entendimiento,  Luz del Alma, el “Verbo manifestado”-

Siempre fue una fiesta,  expresión de alegría y Esperanza.

Nuevamente el centro es el Mito Supremo de la Esperanza. -Mito que por más que nos esforcemos  para imaginar su origen no lo encontraremos, porque siempre estuvo, en lo Alto y en lo Profundo, en la Bóveda Celeste y en el trasfondo de la Conciencia del Hombre.

Aquellos que racionalmente quieren investigar en las culturas antiguas y prehistóricas  su origen, es porque suponen que todo tiene una causa precedente, un principio. Pero lo que es atemporal no tiene nacimiento, no tiene “tiempo”, un origen.  Es contemporáneo de “todos” los tiempos.

Sabían los antiguos que la Luz material,  es decir la Luz del Sol físico es la que al término de la noche  con su nuevo amanecer nos descubre  y nos hace aparecer  las cosas con sus particulares formas y colores, es la Luz del Entendimiento lo que hace que esa visión sea inteligible.

Dentro del Brahmanismo, Arjuna exclama la siguiente impetración: “Oh Supremo sustentador del Universo del que todo procede y al que todo ha de volver, muéstrame la verdadera faz del Sol Espiritual, oculta ahora bajo áureo disco, para que pueda conocer la Verdad y cumplir con mi Deber”.

Porque oculta tras le áureo disco del Sol hay otra Luz.

La primera descubre las cosas, las Ciencias, las Artes, etc. La otra nos muestra el camino del Deber y las ocultas vías del Espíritu.

Esta segunda Luz  es en realidad la primera o mejor dicho la única en su doble manifestación.

En el simbolismo está representada por el Verbo, que es la Luz de Inteligencia (y no las oscuras sombras de la noche) que nos hace “despertar” y nos conduce a nuestro destino,

La Esperanza de la Luz  del despertar, es la Esperanza de la Paz, de la Armonía, del progreso de la Humanidad (progreso=perfección), en un contexto de Igualdad, Libertad y Confraternidad.

Abril, 2014


 




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