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La Dignidad Del Trabajo

Parecería que a esta altura de la segunda década del siglo XXI y el desarrollo evolutivo de la civilización actual en general, no sería necesario abordar el tema.

LA DIGNIDAD DEL TRABAJO

 

 

Parecería que a esta altura de la segunda década del siglo XXI y el desarrollo evolutivo de la civilización actual en general, no sería  necesario abordar el tema.

 

 También pareciera innecesario insistir y recalcar en forma constante y  periódica acerca de la dignidad de la Vida frente a la violencia generalizada existente en sus diversas manifestaciones, sobre todo el retroceso que significan los fundamentalismos ideológicos y/o religiosos  de todo tipo.

 

Y sí, desde el punto de vista de un humanismo espiritual (que nos anima e impulsa) se nos presenta el plantar el tema de la “dignidad del trabajo“.        El termino “dignidad” deriva del vocablo  del idioma latín “dignitas” y del adjetivo”digno” que significa valioso, merecedor, con honor.

Sin duda ES un valor y un verdadero derecho inviolable e intangible de todo ser humano.

 

“La dignidad o condición de digno que se traduce como valioso, hace referencia al valor inherente al ser humano en cuanto a ser racional, dotado de Libertad y Poder creador: pues las personas pueden modelar y mejorar sus vidas mediante tomas de decisiones y ejercicio de su libertad” (cita tomada de Internet).

El Preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos del año 1948 habla de la “dignidad intrínseca de todos los miembros de la familia humana”, y en su Artículo Nº 1 afirma “que todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”.

Por supuesto que es algo a lograr.

 

Ya Platón y posteriormente Kant expresaban en sus enfoques que la “dignidad” se explicaba por la “autonomía” propia del ser humano. El significado etimológico de la voz griega “auto-nomía” resulta de un ser humano libre, aunque sólo es un “potencial de emancipación” respecto a las necesidades e imposiciones naturales y/o sociales en el desarrollo de la historia universal del género humano.

 

Podemos afirmar que la defensa de la persona humana y el respeto a su dignidad debe ser fin y objetivo de máxima en todas las sociedades y un deber y obligación de su vigilancia y cumplimiento por parte de los gobernantes de los diversos Estados dentro del ordenamiento jurídico correspondiente de acuerdo a las legislaciones vigentes.

 

Con referencia a la “dignidad del trabajo” y su respeto, es un derecho del trabajador independientemente de la índole de la tarea que desempeñe.

Lo esencial  no es realmente la tarea que uno realiza: puede ser obrero, empleado, profesional, periodista, personal doméstico, comerciante, educador, artista, etc. etc. lo importante es hacer las cosas con conciencia, con responsabilidad, con orgullo, respeto y compromiso de hacer lo que le compete de la mejor forma posible y estar satisfecho por ello.

 

Ninguna labor bien realizada tiene menos valor que otra, ninguna vale más. Cada uno de nosotros dentro del rol que nos toca en el momento desempeñar en la vida, somos necesarios.

Todas las labores deben considerarse complementarias.

 

Es tan importante el agricultor que siembra el trigo o el ganadero que cuida su rebaño que contribuyen con nuestro sustento alimentario, como el poeta, el músico o el filósofo que nutren nuestro espíritu.

Entre ambos extremos de las tareas con sus intermedios hay algo coincidente, todas  en sí llevan algo que las trascienden, porque hechas con conciencia, repetimos, es algo noble y humano que trata de dignificar la vida.

 

No hay que tentarse en menospreciar cualquier labor, todas contribuyen al bienestar general.

Es tan necesario el que limpia las cloacas como el profesional que desarrolla un medicamento para curar una enfermedad específica.

Nadie debe avergonzarse de su trabajo si en ello ha puesto,  repetimos, empeño, entusiasmo, compromiso y responsabilidad.

 

Y si nos ocupamos en este momento del tema es porque es evidente la existencia de una desigualdad en la valorización de las tareas. Si bien es lógico que la preparación y la capacidad tengan su recompensa diferencial, ninguna persona que trabaje debe dejar de recibir una remuneración que le permita cubrir sus necesidades básicas y vivir con dignidad.

En esto radica simplemente el concepto de Justicia Social y la concepción  de Igualdad de todos los seres humanos sin ningún tipo de excepción.

 

En estos momentos, en toda América de habla hispana como en una gran mayoría de otros países del planeta existe una marcada diferencia entre los “que tienen más” y el pobre, diferencia que se va incrementando progresivamente. No podemos desconocer la existencia de una gran masa de seres humanos sufriendo un estado de pobreza y marginación, de hambre, desnutrición y desocupación.

Reconocemos que políticas demagógicas, hasta incluso las que se titulan “progresistas”,  tratan de paliar la situación y aliviar los efectos generando y otorgando subsidios. Hasta es lógico y comprensible que no sepan o  no puedan actuar de otra manera más que simplemente enfocando los efectos y no las causas.

También reconocemos el mérito de todas las acciones solidarias de las ONG, de los “comedores populares”, etc. etc.

 

Si queremos generar un porvenir, un por-venir, un mundo mejor, más igualitario, fraternal y humanitario es imprescindible atacar las causas modificando radicalmente nuestra conciencia individual y colectiva sobre el concepto de la “dignidad” y ponerlo realmente en práctica  en acciones.

Ejemplos existen. Las pequeñas Cooperativas de trabajo y las Pymes familiares que unifican sus esfuerzos participando todos de los beneficios.

 

Cuando hablamos de un cambio de conciencia nos referimos a nuestro interior, reconociendo las fuerzas anímicas que nos motivan, tratando que nuestro accionar no sea exclusivamente por interés egoísta, personal, familiar o corporativo  sino pensando en el bienestar general, despojándonos de hipocresías y ambiciones desmedidas.

No, no es fácil producir un cambio de conciencia, la voluntad sola no siempre es eficaz, diríamos que casi nunca.

 

Para finalizar queremos agradecer y reconocer la “dignidad” de otro tipo de trabajo, al que nos hemos referido en el artículo de Abril,  “El Servicio” y de Mayo: “La Tradición Iniciática”.

Quizás racionalmente no podemos aceptar y comprender que siempre existieron algunos de seres humanos que silenciosamente “trabajaron” para el logro de los avances de la civilización, produciendo cambios progresivos, que lentos pero seguros produjeron un cambio de la conciencia. Nada tiene ver la conciencia del hombre de hace trescientos años con la actual.

De esos grupos surgieron los grandes Ideales de Igualdad, Libertad de Pensamiento, Justicia social, el progreso de la Ciencia y las Artes que permitieron el vuelo del espíritu.

 

Estamos absolutamente convencidos que nuestra civilización en las condiciones en que se van desenvolviendo los acontecimientos,  si no se produce un cambio radical de su rumbo tenderá a desaparecer como en aplazado lo han hecho otras civilizaciones, cambio que deberá producirse con el menor dolor posible para la humanidad

 

Sí, hay muchos trabajos que enfocar, se necesita reinvidicar el trabajo de esos grupos que desde tiempo inmemorial lo están realizando, simplemente hay que reforzarlos.

                                                                                                    JUNIO, 2015







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