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Acerca De La Educacion

Quizás no encontremos una vinculación directa de esta introducción con el tema propuesto para este artículo.

   
 Albert Einstein: ¿Cuál es el sentido de nuestras vidas y la de todos los seres vivientes? Conocer la respuesta de esta pregunta significa ser religioso. (Del libro  “Cómo veo el mundo”, 1980).

Introducción:

Quizás no encontremos una vinculación directa de esta introducción con el tema propuesto para este artículo.

Conflictos bélicos existieron desde los más remotos tiempos de la existencia del ser humano.

La lucha inicial por la defensa de un territorio era asegurar y proteger  los recursos alimenticios para la supervivencia  de las primitivas agrupaciones de seres humanos. Y luego,  la conquista territorial para expansión y dominio, como por ejemplo la invasión de los mongoles y los vikingos, el imperio romano, el imperio otomano.

En otro orden ¿“causal”? ,  el ideológico religioso,  como fueron las Cruzadas, la “Santa Inquisición” y actualmente el fundamentalismo islámico con  los que consideran la “jihad”  (la guerra santa”)  del Califato  (EI, ISIS).              Pero sigamos con esta corriente. En el siglo XX, tan cercano, se registraron ¡¡137!! Conflictos bélicos, entre ellos las dos guerras mundiales y el  llamado Holocausto,  el genocidio armenio, con excusas y orígenes diferentes.

Y ahora… estamos entrando en la segunda  mitad de la segunda década  del siglo XXI y nos encontramos “arrastrando conflictos no resueltos” del siglo pasado:

Birmania 1948, Israel 1948 (desde la no aceptación de la partición según resolución de la ONU); 1964 Colombia (lucha contra el narcotráfico, FAL)  1978 Afganistán (inicio de los talibanes) 1978 Filipinas (MNLF por la autonomía de Moro y 1991 inicio de un Estado Islámico), 1991 Somalia, 1992 Argelia, 1998 República Africana del Congo.

Y empezamos con una nueva lista:

2001 Nigeria, 9/11 EE.UU -Torres gemelas (inicio de la lucha contra el terrorismo), Irak 2003; 2004 Ucrania, Sudán, Chad, Pakistán, Yemen, Tailandia; 2006 Méjico  (contra el narcotráfico); República  Centro Africana, 2007 Etiopía; 2009 Nigeria ; 2011Siria, Libia, Egipto (primavera árabe) Irak; 2013 Sudán del Sur, Malí (invasión francesa); 2014 declaración del Estado Islámico y la extensión de actos terroristas; 2015 Yemen-Arabia Saudita, y en forma intermitente Corea del Norte-Corea del Sur, Pakistán-India, Rusia –Chechenia, Kurdistán-Turquía y seguramente muchos regionales. Se han incorporado intereses económicos.

En muchos otros artículos afirmamos que estamos en una etapa de la civilización donde reina la confusión y las crisis epidémicas.

En Diciembre del 2015 publicamos KALI YUGA.  Sí, estamos en esta Era.

 

Y ahora entremos en el tema:

 

“ACERCA DE LA EDUCACIÓN

 

Y nos planteamos la hipótesis: ¿Podrá ser una herramienta positiva para un cambio?

Replantear el tema de la Educación siempre es fundamental, con el intento u objetivo -con modestia - de hacer  un aporte a este importante tema.

Ya  en 1980 en Quito, Ecuador, en la reunión de “Interplan” (OEA) se expresaba que la Educación actualmente no está respondiendo adecuadamente a los requerimientos que plantean las nuevas circunstancias en que viven los hombres, los pueblos y las naciones.

 

Ya hemos dicho, en forma quizás demasiado reiterativa, que nuestro siglo XXI sigue siendo sacudido por diversas crisis en lo político, en lo económico, en lo social y por supuesto la Educación no escapa de sufrir crisis.

El núcleo central de la sociedad: la familia, está viviendo (¿sufriendo?) transformaciones significativas que provocan y generan su debilitamiento frente a lo que debe ser la primera formación educativa y su rol en la sociedad moderna.

La organización de la educación formal desde  la Escuela Primaria hasta la Universidad inclusive, se debería fundamentar en dos supuestos válidos: el primero en pensar, suponer y sostener este núcleo básico de la socialización que es la familia y segundo en un modelo cultural universalista y humanitario que la escuela debe trasmitir.

 

Juan Carlos Tudesco (Educación, competitividad y ciudadanos en la sociedad moderna, 1995) expresaba: “No se trata de definir técnicas de aprendizaje, modelos institucionales o diseños curriculares, lo cual por sí ya es una tarea importante y compleja. Pero las definiciones técnicas e institucionales de la acción educativa no pueden elaborarse al margen del contexto global del proceso de socialización. La crisis actual adquiere un rasgo mas complejo precisamente por la dificultad de orientar las acciones educativas formales sin la idea clave de su articulación con el resto de las acciones e instituciones socializadoras”.

 

Como base inicial consideramos que la Educación debe asumir un rol protagónico, transformándose en un verdadero instrumento social mediante el cual se logre que el ser humano, en esta etapa de su vida como educando, pueda acceder no sólo a una acumulación de datos informativos sino a un grado de madurez, reflexión, racionalización y pensamiento libre de prejuicios, que le permita gestar las soluciones a los conflictos existentes, recreando una cultura de solidaridad  acorde al bienestar que anhelamos para todos.

 

Educación = Enseñar representa implícitamente una acción que produce efectos (¿resultados?).

Pero el educador no puede tener la seguridad de un logro a través de una nota calificativa, debe emplear un compromiso con cada uno de sus alumnos.

Hoy es importante capacitarnos, estudiar como educadores, dado que es el fundamental camino que abre las fronteras del conocimiento, investigar, examinar, probar,  experimentar nuevas formas pedagógicas.

 

La vida como fenómeno ontológico no admite únicamente objetividad,  mucho menos desapego, indolencia, despreocupación. La vida humana incluye sentimientos, emociones, juicios de valor, ideales, sueños, relación con sus semejantes, respuesta afectiva, comunicación, responsabilidad, religiosidad.

 

La Educación debe ser equilibrio e integración, mirando la totalidad de los valores humanos, estableciendo una escala jerarquizada de los mismos.

 

Una teoría educativa o pedagógica no es ni puede ser de origen arbitrario, sino producto fundamental y en prima instancia, de una visión global de la vida, del mundo.

No hay concepto valedero de la Educación si no se asienta sobre la imagen del hombre que se quiere y se debe formar.

 

La Educación debe participar concurrentemente en las disposiciones, capacidades y tendencias individuales y en las circunstancias histórico-sociales de la etapa en la que nos toca transitar.

Es decir, por un lado la labor educativa tiene una función constante en el tiempo: la formación del individuo favoreciendo el desenvolvimiento de sus capacidades intrínsecas latentes y el desarrollo de las virtudes morales y sociales que deben y van a constituir el fundamento de una ética en su vida (tan necesaria en nuestra época).

 

Por supuesto que consideramos que el papel formativo de la Educación  debe ser continuo  y permanente, pero aprovechando fundamentalmente el período de escolaridad del jardín de infantes, preescolar y de la primaria, dado que dejan huellas indelebles en el carácter del niño, contribuyendo a la consolidación de su personalidad futura.

Paralelamente, es imprescindible igualmente que deba incorporar los contenidos de conocimientos cada vez más numerosos y necesarios para su participación eficiente en la sociedad.

 

El fin de la Educación  debe ser preparar al individuo alumno,  muniéndolo del caudal de conocimientos para que sea un experto, tanto en un oficio, empleo o profesión, como así también formarlo en el arte general de ser un hombre libre, participativo e integrado en el contexto social que se amplía evidentemente a una universalidad.

 

Debemos insistir una vez más en  nuestra concepción de que una civilización centrada en la economía y en la producción de bienes materiales; una economía basada en un expansionismo permanente, fundamentada en un empirismo filosófico pragmático, que justifica el progreso material transformándolo en un fin, tiende indefectiblemente a socavar la calidad de vida y por lo tanto embiste a la vida misma.

 

La experiencia nos va mostrando que el camino es recurrir a una enseñanza que conjuntamente satisfaga tanto a las exigencias materiales como a las espirituales y humanísticas. Más claramente, es preciso que la enseñanza conduzca a crear condiciones de idoneidad y productividad,  al mismo tiempo preparar al individuo para que tome una adecuada actitud frente a los  problemas de la sociedad y de la humanidad en general que cada  época va  presentando.

 

Si miramos hacia atrás, históricamente la Educación  estaba orientada (y reservada) para una “elite” especial y la escritura estaba reservada a un ámbito reducido entre los cuales estaba el sacerdocio. Si bien hoy debemos “aceptar” (entre comillas) que la Educación  está  políticamente condicionada, nunca como ahora se puede acceder masivamente, coparticipando  la educación pública, la educación privada  y aún las basadas en las diversas confesiones religiosas.

Los adelantos técnico-científicos como el Internet, la base de datos, el avance de la comunicación, no pueden dejar de considerarse  para su aplicación en  la Educación.

 

Quizás desde el último cuarto del siglo pasado,  podríamos pensar que el ser humano había conquistado su aspiración de vencer el hambre, la miseria y las enfermedades, gracias al poder adquirido por el dominio  tecnológico y científico en constante crecimiento.

Sin embargo no han sido desterrados el hambre, la desnutrición, la elevada mortandad infantil, la miseria de las condiciones de vida que subsiste en extensas regiones del planeta afectando a millones de seres.

 

La introducción con que iniciamos este artículo simplemente tuvo por  objeto señalar o mostrar cuán lejos estamos en lograr un nivel formativo moral y ético de libertad de pensamiento y ausencia de prejuicios, libre de intereses mezquinos materiales y económicos sectoriales  y del   logro de una libertad de conciencia que elimine todo tipo de dogmatismos.

 

Es imprescindible implantar y consolidar la concepción de una “Educación para la Vida, educar para ser ciudadanos del mundo.

Para ello debemos reformular la preparación y la capacidad de los educadores que deben recuperar su vocación docente y asumir la responsabilidad que les cabe y que por supuesto les compete.

A nivel de la enseñanza secundaria debería incluirse un concepto universalista enfocando los sucesos que en los distintos países están ocurriendo, afianzando una conciencia social integral y universal.

No podemos olvidar  las consecuencias de las hambrunas de Etiopía, Biafra, Tanzania,  la India; Las de Centro América como las de  Haití y por que no la de los niños tucumanos y chaqueños, la de las  tribus indígenas etc. en nuestro país.

 

Todo el esfuerzo educativo, que debe ser prioridad en toda política de Estado no tiene sentido si no logra un cambio profundo en la conciencia individual y colectiva.

Sin ese cambio profundo no podrá desaparecer la corrupción, la trata de personas, la violencia de género, el narcotráfico, la indigna prostitución infantil, etc. etc.

Seguramente será  necesario también para el logro de ese cambio de Conciencia,  el auxilio de influencias del poder  del pensamiento-palabra          -desinteresado- de núcleos generadores de la energía psíquica, que colabore y produzca eficientemente la posibilidad del mismo.

Enero, 2016.




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