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Alquimia El Polvo De Proyeccion

Surge la Alquimia aparentemente con Hermes Trismegisto

ALQUIMIA

EL POLVO DE PROYECCIÓN

 

Surge la Alquimia aparentemente con Hermes Trismegisto (el tres veces grande), filósofo griego del cual deriva el término de “Hermetismo” o “Alquimia  y se lo considera discípulo directo del Dios Thot de quien recibe y le enseña los principios básicos del Arte.

 


         














Hermes Trismegisto                        Thot



Hermes Trismegisto escribió numerosos manuscritos que fueron destruidos, los que se recuperaron se incorporaron en un conjunto de textos que se denominó  “Corpus Hermético” y que con otros conocimientos aportados por sus discípulos y seguidores fueron compilados en un tratado del siglo II AC por Bolos de Andes y constituye el punto de partida de la  Alquimia occidental. Se lo considera el autor de la famosa “Tabla Esmeralda”.

 

Citaremos algunas personalidades cultores y escritores sobre el tema: María “La Judía”, Zósimo de Panopolis (siglo IV), Alberto el Magno (1193-1280) filósofo alemán de la Orden de Santo Domingo (Tomás de Aquino fue uno de sus discípulos), Rogelio Bacón (1213-1294) doctor en teología, franciscano conocedor de los idiomas griego, árabe y hebreo, Raymundo Lulio (1293-1315) alquimista y cabalista español, Paracelsos (1493-1511) seudónimo de Theophrastus Bombastus von Hohenheim, Abraham “el judío”(siglo XVI).

 

La etimología de la palabra Alquimia, según la mayoría de los autores deriva de la palabras del idioma griego Al y Kymia que se las traducen como “tierra negra” en alusión a Egipto, origen de la Ciencia. Algunos lo derivan   de Chyma que significa fundir.

 

Para la transmisión de ideas y conceptos, de todo mecanismo de conocimiento, se requiere la utilización de símbolos. Cada orden de cosas requiere su idioma propio. Sin lenguaje no hay comunicación.

Así el pensamiento requiere de palabras; el sentimiento de gestos; la estética de la forma, el color, el sonido.

Las cuestiones del Alma necesitan el auxilio del Símbolo.

El Hermetismo encierra una “gnosis”eminentemente cerrada, oculta, de ahí la necesidad de utilizar un lenguaje abstracto. Por ello la primera dificultad que se nos presenta para abordar con seriedad la tradición alquímica y su verdadera esencia es la forma como vertían sus conocimientos en los escritos.

Ejemplo de ello son algunas de las frases usadas comúnmente por los adeptos a la Alquimia: “Haced que lo volátil se haga fijo”; “Tomad al dragón verde y unidlo a su hijo”; “Observad al pelicano que alimenta a sus hijos”, “Separad tres partes de nuestro azufre y mezclad una de ella con el mercurio de los sabios, para bañarlo más tarde en nuestra agua o magnesia”; “El casamiento del Sol y la Luna, del Azufre y el Mercurio, el Rey y la Reina”, etc.

 

Inicialmente el propósito de la Alquimia fue el cambiar los metales bajos en oro puro, pero esotéricamente su objetivo era simultáneamente la transmutación de aspectos del Alma, de su interior, y lograr el “Oro Espiritual”.

Por supuesto que damos por entendido que en este sentido se comprende que la Alquimia  no es química, aunque algunos cultores en la aplicación práctica de sus trabajos y técnicas elaboraron diversos elementos utilizados en ella como ser hornillos, retortas, redomas, etc. y que hayan obtenido logros químicos como ser el ácido bórico por Blaise de Vigenere, el fósforo por Brandt, las sales de antimonio por Basilio Valentín, la acetona por Tulio, el sulfato sódico por Glauber y Von Hoten describió el estado gaseoso con el anhídrido carbónico.

 

 













El adepto

 

 











Elementos de la Alquimia

Algunos advenedizos pseudo alquimistas fueron llamados “sopladores de carbón” dado que su finalidad ambiciosa es lograr exclusivamente oro puro.

Los adeptos verdaderos reunían la doble condición de cultivar la Ciencia, quizás puramente material, pero simultáneamente la “química del sí mismo” o mejor dicho del Alma, de la Conciencia, modificando su nivel.

 

Alquimia es la Ciencia y el Arte de la formación, del comportamiento y la transformación de toda clase de cuerpos. Cuando se ocupa del Hombre lo hace en forma integral, espíritu-psico-físico.

La sublimación, la clarificación y decantación, la destilación o filtrado de materiales no fundibles, la calcinación, la fijación de “lo volátil” y la solidificación (cristalización) mediante el fuego, la transmutación de lo duro y quebradizo en fundible.

 

Así como los cuatro estados vibratorios de la naturaleza, los estados terroso, acuoso, fogoso y gaseoso, tienen origen inicial por la reversión de los cuatro elementos, el ser humano reduce la sustancia de los cuatro elementos sintetizados en los tres reinos inferiores de la naturaleza al que suma el suyo como “mamífero racional” al volver a su quinta esencia original.

Así como el principio fue Uno, también en esta Obra procede del Uno,  lo que se llama “reversión de los elementos”

 

El Arte Iniciático está destinado a elevar al hombre mediante una serie de purificaciones  y procesos propios de la manifestación de la Luz interior.

Puede ser que en el simbolismo  hermético se hallen paradojas aparentes, pero su finalidad es la misma, lograr el “elixir de la vida” o la “piedra filosofal” y el “polvo de proyección”.

Los verdaderos adeptos alquimistas hablan en cuanto al proceso de transformación la necesidad de una “Vaso filosófico” de “Huevo filosófico” donde debe encerrarse “herméticamente” la materia de la “Obra”.  El vaso se lo ubica sobre un “athanor” (o braserito) en el cual debe mantenerse un “fuego húmedo” cuyo calor se gradúa cuidadosamente de acuerdo a las necesidades.

El “vaso filosófico” es una  matriz o retorta desde el punto de vista físico y material, pero evidentemente desde el punto de vista esotérico se refiere al hombre en cuyo interior se realiza el proceso alquímico de transformación. Es decir materia, vaso, fuego y piedra filosofal siempre resulta de la “única y sola cosa”: el hombre y su Conciencia.

Es un proceso húmedo.

 

Elías Ashmole (Alquimista, Rosacruz y Masón) dramatizó este gradual proceso de perfeccionamiento y las vicisitudes que en él sufre la materia  a través de la “piedra bruta”. La Masonería lo hace a través del simbolismo de la “piedra bruta” original que debe sufrir las etapas de desbastado, escuadrado y pulido hasta alcanzar la elevada forma de una “piedra cúbica”.

Únicamente de esta forma puede ser utilizada como sostén y ornamento del místico Templo de la humanidad.

Es un proceso seco.


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Tallando la piedra                      Resbis

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    En la Alquimia occidental los elementos de la “Obra” en un principio son el “Azufre, el Mercurio y la Sal”. Los sabios sintetizan en tres frases purificación por la “Sal”, coagulación por el “Mercurio” y fijación por el “Azufre”.

    El “Azufre” corresponde a la energía interior que parte de lo más interno del Ser. Su acción se contrapone al “Mercurio” que desde lo externo penetra en todas las cosas. Es una lucha para liberarnos de la materia y otra por ligarnos a ella. Se equilibran por medio de la “Sal”, el principio de cristalización, de consolidación.

    La “Piedra Filosofal” es una “Sal” integralmente purificada que coagula al “Mercurio” volátil  fijándolo al “Azufre” ardiente que es fuertemente activo,

    El sendero del “Oro” comienza con el “Mercurio”, cuya naturaleza propia es estar en constante movimiento. Por intermedio de cierto procedimiento el “Mercurio” es aquietado. Una vez logrado esto se convierte en “Plata” (algo más precioso que el Mercurio), luego la “Plata” tiene que ser fundida y derretida y el jugo de una hierba (o un polvo) debe ser vertida en la “Plata” en  ese estado (fundida) por lo cual inmediatamente se convierte en “Oro”.

     

    El “Mercurio” representa la naturaleza de la Mente que nunca descansa. El pensamiento tiene la propiedad o cualidad de asociarse. Cuando uno la quiere controlar se da cuenta que la mente es igual que el “Mercurio” que está en constante movimiento.

    Si por algún método uno la logra dominar se ha dado el primer importante paso. La “Plata” debe ser calentada con el ardor proveniente de la divina esencia presente en el Corazón de los hombres que en lo mundano se manifiesta como Amor, Tolerancia, Simpatía, Humildad, carencia de Egoísmo, Vocación de servicio..

     

    La naturaleza iniciática del Hermetismo se destaca si observamos que la legítima participación en el Arte se hace a través de los “Auxiliares” clásicos: “Escritura, iniciador-iniciado, instrucción y tiempo y trabajo (el propio esfuerzo).

    La “materia prima” y el instrumento (herramienta) de la “Obra” es lo que los adeptos denominan “Lapide filosofal” (Lapide en lugar de petra). Como es filosofal señala claramente una inclinación (u orientación) hacia la Sabiduría (la Sophia)

    Por extensión dentro del ámbito del lenguaje filosófico  cualquier sustancia en que se incorpore la “Palabra”. En el lenguaje en que se expresa una idea la mente que da forma al pensamiento. Representa el Verbo y su sustancia, no es una palabra ordinaria sino como ya expresamos inclinada a la Sabiduría (Aquella que toma cuerpo en el Espíritu).

    La Palabra entonces es la sustancia del Poder del Espíritu e instrumento de la creación. Dentro de la ciencia mántrica (a la cual ya nos hemos referido en otros artículos) la Palabra, Verbo, Logos, Vak (en sánscrito) es el Poder creador y transformador.

     

    Se la llama dentro del Hermetismo “Polvo de proyección y sin ninguna duda el Verbo lo es, sino de que otra manera el Espíritu (o la Conciencia) se comunicaría con las criaturas.

    Cuando la Palabra ha sido “rectificada” (purificada) y convertida en filosófica dentro de las reglas del Arte se convierte en antorcha que enciende e ilumina trasmitiendo Luz a las mentes receptoras, efectuando una verdadera proyección y multiplicación.

     

    El verdadero adepto a la Alquimia (como todo genuino iniciado) no busca egoístamente su propia perfección sino que aspira conscientemente proyectarla sobre los demás “metales”  dando así a su “Obra mayor”, la característica de la Universalidad de su labor

    Es decir la “perfección” lo obliga al servicio de los demás, a la Humanidad íntegra.

    Se requiere un “athanor cerebral” capaz de efectuar con energía calórica procedente de la fisión y fusión  de los átomos de las ideas con pasión y compasión y la Caridad.

    Es necesario que las ideas en los procesos de transformación sean capaces de proyectar realidades psíquicas (imaginadas con claridad. Concretas) a grupos  aunque restringidos (al comienzo)  pero con el firme convencimiento  (fundado en la Esperanza y la Fe) que la misma se extienda, cual “Polvo de Proyección”  siendo recibidas por todas las mentes y corazón sensibles en forma constante y sostenida. De esta manera estaremos gestando, es decir proyectando y concretando una “inducción cuántica”, iniciando la transformación, lograr un mundo mejor, más humanitario y solidario.

    Agosto, 2016

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