Bienvenido 16 de Agosto del 2018
Visitas : 901620
Hoy: 64

Artículos

Conocimiento, Crecimiento, Digestion

Si bien no hay regla sin excepción podemos repetir como lo hemos hecho más de una vez que el común denominador del individuo actual consiste en un conformismo, en el doble sentido de su acepción: de resignarse (consciente o inconscientemente) y adoptar el rol que la familia, la sociedad y el entorno espera que cumpla.

CONOCIMIENTO, CRECIMIENTO, DIGESTIÓN

Si bien no hay regla sin excepción podemos repetir como lo hemos  hecho más de una vez que el común denominador del individuo actual consiste en un conformismo, en el doble sentido de su acepción: de resignarse (consciente o inconscientemente) y adoptar el rol que la familia, la sociedad y el entorno espera que cumpla.

De esta manera calma sus necesidades sentimentales, intelectuales, artísticas y pareciera que los únicos actos propios terminan por ser solamente los vegetativos (automáticos): nacer, comer, dormir, distraerse y morir. Y esto  evidentemente no es la manera más adecuada para que se pueda generar una madurez interior que caracteriza al ser humano verdadero, que lo conduzca a una plenitud del Vivir, en el Despertar iluminado del genuino candidato que busca su realización espiritual a través de una iniciación.

 

No se logra el crecimiento a nivel espiritual por el simple estudio libresco, es un error creerlo que como en la vida profana se produce a nivel intelectual por la mera instrucción vulgar.

El progreso espiritual no  consiste (ni depende) en el simple amontonamiento de conocimientos sobre conocimientos, sino es un especial crecimiento o desarrollo producido por una peculiar forma de sentir, pensar y obrar, para lo cuál los consejos, la lectura y el estudio teórico es inoperante. Todo lo que podemos de esperar de ello es aquietar nuestra mente inquisidora, proporcionarnos una “explicación” del proceso interior. Y ello  no tiene ningún valor por sí solo sino se lo complementa en forma vigorosa y sostenida con la gimnasia  de sentir y realizar, se debe sumar la habilidad al saber y el entendimiento al poder ejecutivo de la acción.

Y como no es leyendo libros de genética y embriología por la cual una mujer pueda concebir y gestar un nuevo ser, tampoco la vulgar erudición en los temas iniciáticos - esotéricos – simbólicos hacen nacer la Luz de un iniciado.

 

Entendiendo pues que el progreso espiritual no consiste (solamente) en aprender sino en crecer, y que ello es imposible sin el previo haber nacido, y una vez que se haya logrado el comienzo del proceso de gestación del hombre espiritual, entonces sí y recién entonces la teoría se convierte en útil y necesaria para esclarecer el entendimiento de lo que ocurre y proporcionar el conocimiento para evitar desvíos y accidentes que pueden retardar, desviar o aún echar a peder el trabajo.

 

Trasladar al seno de los grupos de trabajo iniciático la actitud estéril del mero espectador, que consiste en acallar la urgencia interior identificándose simplemente en lo que otro sintió, pensó, dice o hace, sería tan inoperante como recibir por correo los rituales de iniciación.

Reiteramos el proceso de crecimiento no es una acumulación, sino una asimilación, una digestión.

Cuando se llega al punto en que se tiene más de lo que se ES (cuando se sabe más de lo que se ES)  se hace imprescindible una purga, un reemplazo serio.

 

A igual que en lo físico-biológico un alimento cumple su función como tal en tanto y en cuanto se realice la digestión, y la nutrición espiritual no constituye una excepción a este hecho.

Para alimentarse es necesario que se produzca  la descomposición del material ingerido (el alimento) reduciéndolo a sus elementos   (carbohidratos, lípidos, etc.) para poder ser asimilados por el organismo, sino se produce indigestión. Y si la digestión no se produce totalmente el organismo se va llenando paulatinamente de toxinas y se produce la enfermedad.

 

Con respecto a la acumulación de material y energía alrededor de un núcleo central de cualquier cuerpo (carnal o espiritual) lo importante no es lo que se ingiere sino como lo asimilamos.

Alimenta su cuerpo el que come manjares  complicados elaborados por “Chefs” expertos y balanceados por dietistas como el obrero que mastica su bife con ensalada.

En ese sentido nutre su mente igualmente el que bebe la energía de los grandes pensadores de la humanidad como el profesional o el comerciante, el industrial y aún el empleado u operario que meditan sobre temas concretos de sus trabajos,

Lo importante es alimentarse, es digerir.

En la digestión y asimilación tanto en lo corporal como en lo espiritual este proceso se suceden dos tiempos o fases. Una de análisis y luego la otra de síntesis.

En lo corporal la primera fase, análisis, destruye la compleja forma o constitución del alimento reduciéndolo a sus elementos para que en la segunda fase de síntesis se efectúe la nutrición y la energía que le es necesario parea mantener la vida.

 

En lo espiritual, de manera similar el pensador debe apoderarse por el ejercicio  que supone el entender y estar despierto de la energía y de la materia contenida en el alimento que ingiere.

En la función orgánica el comer, digerir, expeler tuvo que ser aprendido por el cuerpo desde el principio y por milenios a partir de la célula.

Pero en lo tocante del alimento espiritual, estando nuestros “cuerpos sutiles” no totalmente conformados, aún desorganizados y carentes de los debidos aparatos se debe hacer la digestión conscientemente, es decir que se debe extraer la esencia de lo que lee e incorporarlo al propio ser individual por la puesta en obra lo comprendido.

 

Es de capital importancia y tener la precaución de filtrar todo, tener “olfato” para retener lo bueno y expulsar lo nocivo.

Debemos investigar todo, sin dejar que los prejuicios se interpongan, y aceptar lo que nuestro sentido de lo verdadero y lo justo acepte.

Para concluir de ningún punto de vista se puede considerar al estudio como base y método de desarrollo sin la práctica y la acción.

Todo lo demás colabora para un mejor servicio, un medio para aconsejar y actuar con prudencia.

Entre un erudito y un sabio media la misma distancia que entre un profano y un iniciado.

Septiembre, 2016





  • Meneame
  • Bitacoras.com
  • del.icio.us
  • Facebook
  • TwitThis
  • Wikio
  • Google
  • Digg
  • Live
  • MisterWong
  • StumbleUpon
  • Technorati
  • Tumblr
  • Yahoo! Buzz
  • Envia esta noticia por email a tus amigos!

Lumen de Lumine 2018 Todos los Derechos Reservados.
Programación & Diseño Gráfico Daniel Berniger