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El Espiritu Cooperativo

Para comenzar con el enfoque del tema que nos hemos propuesto para este artículo debemos dejar claro que entendemos que la “vida espiritual” no es una vida paralela a la habitual separada e independiente, descartada de lo cotidiano. Por lo contrario entendemos que el Espíritu debe tener como misión fecundar la parte material, procurando una integración de ambos aspectos: el material y el espiritual.

EL ESPIRITU COOPERATIVO

HACIA UNA EQUIDAD HUMANÍSTICA

 

Para comenzar con el enfoque del tema que nos hemos propuesto para este artículo debemos dejar claro que entendemos que la “vida espiritual” no es una vida paralela a la habitual separada e independiente, descartada de lo cotidiano. Por lo contrario entendemos que el Espíritu debe tener como misión fecundar la parte material, procurando una integración de ambos aspectos: el material y el espiritual.

 

Después de la etapa de oscurantismo de la  Edad Media como herencia del renacimiento, el filosofismo y el iluminismo, en lo político nos legó la democracia y en lo económico el capitalismo con  la propiedad privada. Ambas con sus variables y constantes crisis.

 

No podemos quedar ajenos de tratar el problema económico. La desigualdad entre los países  de los distintos continentes es una evidencia incuestionable, como lo  es entre la población de un mismo país, ya sea éste considerado “rico y desarrollado”, o como países “en desarrollo” y también  en los considerados “subdesarrollados”.

 

Considero que no son pocos, sin duda, los que piensan y vislumbran la imperiosa necesidad de enfocar con energía y seriedad, la forma más rápida y eficaz posible de construcción de un nuevo sistema económico, sentado en los fundamentos y en las bases que lo haga  sustentable en el tiempo y permita revertir la inequidad que se ha hecho moral y éticamente insostenible.

El principal problema, y quizás el escollo más importante para un cambio transformador, es que se siguen aplicando conceptos y teorías del pasado que ya han demostrado suficientemente  sus fracasos en las reiteradas crisis económicas, sociales y políticas y la carencia de ideas innovadoras.

 

Dice un conocido y antiguo aforismo que está incorporado en el acervo cultural: “Si queremos ahuyentar la oscuridad encendamos una  luz”

Y si bien nuestro planteo no consiste en una “novedad”  absoluta   e incluso  algunos conceptos y pensamientos ya lo hemos vertido en otras oportunidades, es precisamente que deseamos contribuir aportando una “pequeña luz” que ilumine la Conciencia colectiva develando (no revelando) las  posibilidades reales del ser humano a fin de desarrollar la idea y vivencia de la solidaridad, de la posibilidad que conjuntamente puedan ser cumplidas las necesidades comunes y los anhelos de la eliminación de los desequilibrios sociales con la injusticia que conlleva,  generando la  pobreza, la miseria, la marginación y la infelicidad.

 

No podemos negar que pese a todos los intentos, los sistemas o modelos actuales están en agonía y necesitan una revitalización renovadora.

 

¿Seguiremos con un sistema de privatización de las ganancias y la socialización (el costo a la población) de las pérdidas?

¿O una salida democrática y solidaria ante estas crisis llamémoslas pos-liberal, neo-liberal, pos-capitalista o aún anti-capitalistas?

 

Es necesario un absoluto y total cambio radical de Conciencia tanto individual como colectivo para comprender y aceptar que otro tipo de vida es posible, que es una posibilidad posible dependiendo de nosotros, fortaleciendo nuestra Esperanza y desarrollando una imaginación creativa para consolidarlo.

 

Estamos en un momento histórico donde el impacto del enorme caudal de conocimientos científicos y tecnológicos (en constante progreso) en esta etapa pos- industrial, en todos los órdenes, y que a pesar de todo ello sigue (no puede ser de otro modo) siendo lo más importante  el “¿capital?” humano, el Ser humano.

Coincidimos plenamente con el premio Nobel hindú Amartya Sen (1998) que expresó: “Como así es necesario una democracia inclusiva hace falta una economía inclusiva que en lo fundamental permita el desarrollo pleno de todas las potencialidades del Ser humano.”

El sociólogo Aníbal Etzioni , habla de “Una dimensión Moral de la Economía, dado que pareciera que hay dos contextos irreconciliables: el egoísmo individual que busca exclusivamente su beneficio basado en la razón de un “supuesto progreso” y por otra parte, en contraposición, la que busca y persigue una solidaridad basada en el corazón y la armonía.”

 

Estando inmersos, como estamos,  en un modelo de pragmatismo materialista con concepción hedonista, de consumismo y satisfacción de los deseos, quizás olvidemos que compartimos todos las mismas necesidades primordiales para la existencia.

Si creemos que podemos resolver por y para nosotros mismos un problema que afecta a todos, estamos creando una ilusión y nos privamos del ejercicio de una responsabilidad y compromiso ético para el bienestar general.

 

En los últimos tiempos, siempre la explicación del paradigma del binomio  del empleo asalariado y la implementación de la política neo-liberal  ha generado, y lamentablemente sigue haciéndolo, una profunda desigualdad social con altos niveles de desempleo, pobreza estructural y aún la marginación de grandes sectores de la sociedad, que usando términos vulgares estarían “fuera del sistema”.

 

Charles Clark, economista (Saint John University) dice: “Las reglas del “mercado” no son fenómenos naturales como pueden ser el clima o la lluvia, de los que podemos quejarnos pero no podemos cambiar su existencia. Los sistemas económicos y los mercados son creaciones de instituciones sociales y sus reglas generalmente son creadas en beneficio de aquellos que de una u otra forma ostentan el poder de ajustar o establecer las mismas. Esto no significa que no se pueda generar un cambio para promover una mayor igualdad e inclusión social.”

 

Se nos dirá que no es tarea fácil, es verdad, pero la Ética y aún la Lógica nos dicta la imposición de que es necesario intervenir para revertir la situación.

Seguiremos insistiendo, sin cansarnos, sosteniendo que las “crisis” de nuestros sistemas de valores no son el efecto sino más bien Es la causa de las crisis de nuestra civilización.

El abandono individual y colectivo de los valores espirituales y humanísticos es la causa última de nuestras “crisis”. Ya en el año 1926 el conocido educador Pestalozzi hablaba del hombre natural, del hombre social y del hombre moral.

Antropológicamente el hombre Erectus, el hombre fabril, el hombre sapiens, hoy hablamos de la necesidad absoluta de un hombre nuevo: el “Hombre éthicus”: el Hombre espiritual y humanístico.

Porque, repetimos, en el fondo de nuestra mente y corazón surge siempre con vigencia y vigor la fuerza de la Esperanza y la Fe en el Ser humano.

 

Toda esta extensa “introducción” en realidad es para “justificar” el por qué de la “creación” de un “espíritu cooperativo”

 

Si como planteáramos anteriormente aceptamos la existencia real de una comunidad de necesidades (no pueden ser de otra forma) tenemos el Derecho-DEBER de tomar Conciencia que nos permita adoptar una conducta social, esclarecedora, comprometida y solidaria, cooperativa, que no se transforme solo en una “entelequia intelectual”  sino en una vivencia concreta como guía de nuestra conducta.

 

Si hemos visto y estamos en presencia como ya hemos mencionado anteriormente del crecimiento exponencial técnico-científico y su aplicación en la industria, no debería existir el problema de la insatisfacción de las necesidades básicas comunes. Lo que sí es un problema la incapacidad demostrada en enfrentarlo y encontrar las soluciones pertinentes,  concretarlas  y cumplirlas con un profundo sentido humano, social, comunitario y de universalidad, que colabore en la evolución de la civilización

 

Y si  nuestra mira se eleva del horizonte de nuestros intereses personales, si estamos animados por las causas honestas y justas, si deseamos sinceramente un goce pleno de bienestar general sin ningún tipo de ambición personal ni hipocresía, se transforma en un impulso potenciador de nuestras acciones, estableciéndose las condiciones más óptimas para generar el espíritu cooperativo que anhelamos.

 

La cooperación representa y  consiste en que dos o más voluntades, dos o más capacidades, dos o más esfuerzos que concurran a un mismo ideal de eficiencia y eficacia para el logro de cubrir las necesidades básicas establecidas: alimentación, vestimenta, vivienda acorde, agua potable y cloacas, acceso a la educación y capacitación laboral, a una correcta y adecuada atención de la salud sin descartar por supuesto otras necesidades como ser estimular la cultura y el arte, satisfacer la necesidad de belleza y de la estética, de la curiosidad investigadora, etc.

 

El inspirar y tener confianza son hechos interrelacionados y un objetivo sustancial y fundamental, que no debe ser producto simplemente  de la simpatía o empatía personal y/o la amistad, sino que debe ser producto de una norma de conducta, de rectitud y honestidad en el proceder  permanente cotidiano con claros y límpidos pensamientos y sentimientos, que es lo que va ha determinar y consolidar la mutua confianza.

 

El diccionario enciclopédico ilustrado, Bibliografía Omega 1966, estableció que la cooperación se define biológicamente como la posibilidad real del ser humano a fin de desarrollar la idea y vivencia de la solidaridad, de la posibilidad que en conjunto puedan ser cualidad las necesidades comunes y anhelos de eliminación de los desequilibrios sociales, con la injusticia que conlleva generando la pobreza, la marginación y la infelicidad (como ya lo hemos planteado).

 

De manera que podemos decir y aún afirmar con certeza que cuando el hombre se deja llevar por la fuerza que impulsa la solidaridad y la cooperación que representa como dijimos, confianza, respeto, ayuda mutua, está obedeciendo a las Leyes naturales eternas de la Unidad existencial y de la esencia de la vida. El espíritu cooperativo busca precisamente establecer objetivos comunes claros que permitan el cubrimiento de las necesidades genuinas de la existencia,  permitiendo el progreso intelectual y espiritual de la Humanidad. Se fundamenta en una autenticidad de propósitos y de solidaridad recíproca. Ello permitirá indudablemente una equidad social, una vida  de plena armonía habiéndose eliminado la absurda y permanente competitividad, logrando vivir integrados en Paz activa.

 

Si logramos en nuestro país el verdadero espíritu cooperativo y contagiamos al resto de nuestros  hermanos países vecinos y de  Latino América podremos impulsar el cambio en todo el planeta.

Se nos dirá que es una Utopía, sí, pero no es una ilusión es una Esperanza real.

Noviembre, 2016





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