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Espiritu Religioso

Cuando comenzamos a pensar como desarrollar, a pedido, el tema propuesto para este artículo se nos planteó desde el inicio, que pareciera que el espíritu religioso es un enfrentamiento a lo que marcan las religiones tradicionales, que simplemente señalan la necesidad de Fe y de creencias, algunas sujetas a dogmas.

ESPIRITU RELIGIOSO

 

Cuando comenzamos a pensar como desarrollar,  a pedido, el tema propuesto para este artículo se nos planteó desde el inicio,  que pareciera que  el espíritu religioso es un enfrentamiento a lo que marcan las religiones tradicionales, que simplemente señalan la necesidad de Fe y de creencias, algunas sujetas a dogmas.

Porque hablar de espíritu religioso es vincularlo a la espiritualidad y las religiones son varias mientras que la espiritualidad es única.

 

En realidad de lo que queremos hablar es de la relación del ser humano y la Religión.

El hombre por naturaleza es un ser religioso. Lo podemos denominar “homo religiosus”.

Podemos aceptar  que la Religión no constituye solamente un fenómeno histórico y social. Basta con observar y considerar el papel fundamental que ha tenido en el devenir histórico de la civilización. Desde tiempo inmemorial ha tenido y sigue teniendo vigencia como  un importante asunto tanto a nivel individual como colectivo.

 

La Religión, mejor dicho el espíritu religioso, es una de las manifestaciones más tempranas  y universales exteriorizada del alma humana,

El hombre es un ser muy particular que presenta diferentes “necesidades”. Descontamos por obvio las necesidades físico-biológicas para subsistir (al nivel individual alimentarse y respirar, a nivel especie la reproducción)  presenta  simultánea y paralelamente otro tipo de “necesidades”.

 

La Antropología cultural acepta como integrante de la naturaleza humana que también existen tres necesidades; la primera la necesidad de afecto de sus semejantes, la segunda la necesidad de experimentar cosas nuevas y por último la necesidad de seguridad a largo plazo.

Pero ello es parcial, no es todo.

El hombre “necesita” conocer, “necesita” belleza, “necesita hacer” y también necesita Paz.

El ser humano “siente” la “necesidad” de encontrar una Luz para dar respuesta a las preguntas existenciales. Preguntas referentes al sentido profundo de la realidad de la Vida, de su origen, existencia y destino.

¿Qué es el Hombre? ¿Cuál es el misterio último e inefable que abarca nuestra existencia, misterio de qué procedemos y a donde nos dirigimos?

 

Necesita una Luz que no encuentra en el progreso de la tecnología ni de la ciencia.

Siente” que la Vida sin un horizonte trascendente no tendría sentido pleno.                                                                                                                    Es común referirse a una persona diciendo que es o no religiosa, como si habláramos como “algo” que las personas tienen o no, que pueden tener o no y aún cambiar. Este concepto esta ligado a que la Religión es algo externo al  hombre. “Algo” que en algún momento se incorpora a su vida. Y esto nada tiene que ver con el espíritu religioso.

La realidad, repetimos, es que los seres humanos somos “religiosos” por nuestra intrínseca naturaleza por la cual “sentimos” la necesidad de conectarnos con lo trascendente, lograr coherencia, integración, unidad, armonía y sentido.

 

En sí la Religión, de “Re-ligare”, de “Re-unificar”, en su sentido más amplio, profundo y absoluto es la de estar en Paz consigo mismo y la búsqueda de Armonía con su origen y destino.

La espiritualidad, el espíritu religioso es el motor para quienes buscan genuinamente, sin dogmas ni pre-juicios, la identificación con la Unidad existencial. Es para aquellos osados que anulan los “ruidos” externos y escuchan a su voz interior, la voz de la Conciencia.

La espiritualidad debe dar Paz interior, es causal de Unidad.

 

El hombre es un ser en evolución, un ser en movimiento con un objetivo, buscar su realización.

Tanto como en la Ciencia y como en el Arte también con la Religión busca realizarse armónicamente y estar en Paz con lo “desconocido”

 

Con la Ciencia busca saber y establecer una relación con lo desconocido- objetivo. Con el Arte la relación con lo desconocido-sensorial.

Con el espíritu religioso y la Religión,  la relación con lo desconocido –subjetivo- real.

La religión como la entendemos no es una cuestión de creencias. No alcanza con un conjunto de creencias o acumulación de conceptos y reglas. Es lo que nos pone (insistimos) en relación y armonía con el “mundo” subjetivo-desconocido. Es una experiencia estética-emocional individual.

 

El hombre es un experimento en  marcha, es un ser en formación, no es un producto totalmente acabado. El hombre no es sólo un ser biológico con intelecto, sensaciones y emociones, es una realidad psicológica, un ser con auto-conciencia que lo hace muy especial.

La verdad es  que para existir como individuos ponemos fuera de nosotros un montón de cosas que no podemos abarcar, fabricamos “amortiguadores psicológicos” que nos lo permiten.

En nuestro interior se suceden conflictos: del bien y el mal, la lucha de los instintos, de los vicios y la pasiones, etc. que nos acompañan en nuestro deambular por la vida cotidiana.

 

Lo primero que el hombre realiza es aislar su naturaleza física: el Yo y el No Yo, el Yo-Tu, el Yo-ello.

Dicen los orientalistas que la “Gran herejía” es esta separación.

Como tiene subjetividad la externaliza de alguna forma.

Ve fuerzas naturales como el viento huracanado soplar con inmensa fuerza y ve furia en la tormenta. Pero en realidad como fuerza física el viento no tiene bondad ni maldad y es en su subjetividad que ve furia. Y si  ocurre un terremoto o fuertes olas golpean la costa también ve furia, es nuevamente su subjetividad y la externaliza. Y quizás como lo hizo la Mitología  griega, hace un Dios,  es la furia de Poseidón o de Neptuno.

Pero como percepción subjetiva uno percibe una realidad; cualquiera que haya sido su interpretación hay una realidad subjetiva.

Todas estas subjetividades de lo desconocido son representaciones de lo que percibe, se forman estratificaciones y así surgen los animismos, los espíritus, los genios, los tótem, y luego… los Dioses del politeísmo.

En esta etapa el hombre o no tiene clara conciencia de la separación entre lo que es objetivo y lo que es subjetivo No-Yo. Por ello en su externalización ve que los Dioses entran en relación con él y se meten en sus cosas y ve que ellos se pelean entre sí y esa pelea está “afuera”

Y luego, las consecuencias, propiciar, sacrificar, hacer promesas, hacer penitencia, etc. en un intento de hacer la Paz con ellos.

 

En algún momento esta lucha cesa y surge el monoteísmo. Un solo Dios, un Dios triunfa y hubo temor de Dios y una Religión se basa en ese temor.

Pero el hombre en muchas oportunidades miró al cielo durante la noche.

Fueron pastores los que miraron, hombres y mujeres, Reyes, guerreros… y alguna vez comenzaron a preguntarse ¿Qué hay de tremendo misterio en el cielo? El cielo pareciera un telón lleno de múltiples puntos de luz y esos puntos de luz podían interpretar algunas señales. Aparecían determinadas configuraciones: la Cruz del Sur, la Osa mayor, etc. y el cielo decía algo. Veían Dioses, animales, figuras. Era la época de imaginación mitológica.

Pero en algún momento el hombre captó la idea de la existencia de un Orden que penetraba todo.

Vio Orden no sólo en el cielo sino también en todas las cosas. Y llegó determinado momento que la Religión se convirtió en mística: Yo SOY Él.

Cuando ocurrió, no lo podemos saber, pero sucedió.

Y “Misticismo” es la comunión: la unión con la realidad Existencial última, la Verdad espiritual.

 

Anexo:

Religión es una palabra latina que tiene una acepción no demasiado conocida es: “Rodrigar”.

Es una palabra que viene de la forestación que significa poner un “rodrigón” a un árbol, es decir colocar al lado de él un palo tutor para que crezca derecho.

Los romanos observaron que así como la vida de un árbol es buena cuando se orienta naturalmente al Sol, de igual forma como seres humanos le imprimimos sentido a nuestra vida en la medida que nos orientemos hacia algo como el “Sol” que ilumina y da sentido a nuestra existencia, considerando metafóricamente esa orientación al Sol como al “Absoluto”.

Octubre, 2016





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