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La Fuerza De Las Creencias

En alguna oportunidad anterior nos referimos a algunas de las láminas del Tarot, láminas que originalmente los antiguos iniciados

                    LA FUERZA DE LAS CREENCIAS

 

En alguna oportunidad anterior nos referimos a algunas de las láminas del Tarot, láminas que originalmente los antiguos iniciados (algunos se las atribuyen a Hermes Trismegisto) previendo la oscuridad de entendimiento ante lo espiritual, consideraron que una manera práctica de trasmitir  conocimiento era a través de un “juego”, en realidad un conjunto de símbolos impresos en láminas en forma de cartas. Que se haya desfigurado  su objetivo primario no significa que no pueda ser retomado.

En ese sentido hemos mencionado las láminas Nº 9,  “El Ermitaño” y la Nº12,  “El Hombre Colgado”.

 













Hoy describiremos la  lámina Nº 0, “El bufón” o “El loco”. Es un hombre con un bonete  en su cabeza, a veces vestido vistosamente y otras de forma desprolija, que camina despreocupadamente apoyado en un báculo (o bastón) ignorando a un perro que lo está mordiendo, cargando una vara sobre sus hombros con una alforja o paquete anudado a ella, yendo lentamente hacia un precipicio.


                                 












Es el mismo hombre quizás que ignora el ansia de luz y verdad que busca el Ermitaño y que si halla un vestigio de la misma es como el Hombre Colgado, entre el cielo y la tierra con el conflicto del cumplimiento del Deber.

Es aquél que pese a estar acuciado por el dolor (representado por la mordedura del perro) de la inquietud, la insatisfacción y la sensibilidad angustiante ante la situación con que la humanidad se está desenvolviendo, camina cargado con el pesado bagaje (el atado sobre sus espaldas) de sus deseos, ambiciones, emociones, sentimientos, ideologías. etc. y ciegamente (aunque sus ojos estén destapados) se encamina ignorante e inocentemente hacia el abismo, por no haber encontrado la senda que lo conduzca por el camino espiritual del reencuentro, es decir la posibilidad de la iniciación en el camino espiritual.

 

En cada momento debemos plantearnos ¿en que situación nos encontramos?, ¿Cómo el Bufón (o el Loco) o como el Ermitaño, o el Hombre Colgado?

Estamos  sincera y firmemente convencidos del camino que elegimos y estamos intentando seguir? Porque la “fuerza de las creencias” es real y notoriamente poderosa.

 

Me permito transcribir, en versión libre,  un episodio  relatado alguna vez por un autor (no recuerdo su nombre) en uno de sus libros: “En un país, seis mineros trabajaban en un túnel profundo de una mina extrayendo minerales. Se produce un derrumbe que sella la salida del túnel dejándolos completamente aislados. Con su experiencia sabían que el problema para sobrevivir era el oxígeno y que con seguridad les duraría aproximadamente cuatro horas como máximo. Sabían que la gente de la superficie tenía conocimiento en donde ellos estaban trabajando y que horadarían un nuevo túnel para hallarlos y rescatarlos. El interrogante era claro ¿alcanzarían a lograrlo antes de que se les terminara el aire?.

 

Acordaron ahorrar todo el oxígeno posible, apagaron las lámparas, decidieron realizar el menor esfuerzo físico acostándose en el piso lo más relajados que podían, respirando lentamente, con tranquilidad. En la oscuridad era difícil calcular el paso del tiempo, casualmente sólo uno de los mineros tenía reloj. Hacia él se orientaban las preguntas: ¿Cuánto tiempo pasó?, ¿Cuánto falta?, y ¿ahora?. El tiempo se estiraba, cada par de minutos parecía una hora, la ansiedad y la desesperación ante cada respuesta agravaba la tensión. El capataz del grupo se dio cuenta que esta tensión aunque inconscientemente aceleraría la respiración aumentando el consumo de oxígeno y los podía matar. Ordenó al que poseía el reloj que avisara a todos cada media hora controlando el tiempo y nadie más haría preguntas. Cumpliendo la orden cuando pasó la primera media hora dijo:”ha pasado media hora”.

Hubo un murmullo y la angustia se sentía en el ambiente. El hombre del reloj comprendió que cada vez le iba ser más terrible comunicarlo, dado que representaba que el minuto fatal se acercaba. Así que esperó 45 minutos antes de informar que había pasado otra media hora. No había manera de notar la diferencia, nadie desconfió. Ante el éxito del engaño, dejó  pasar una hora antes de anunciar que otra “media hora” había transcurrido. Así que los cinco  restantes creyeron que sólo hacía una hora y media que estaban encerrados, todos pensaron que largo se les hacía el transcurrir del tiempo. Así el del reloj continuó informando.

 

 La cuadrilla de rescate aceleraba al máximo su tarea, sabían la ubicación de la cámara donde había sucedido el derrumbe y donde se hallaban sus compañeros y lo difícil de poder llegar antes de las cuatro horas. Y así fue, a las cuatro horas y media llegaron con el triste presentimiento que era tarde y encontraría a los seis mineros muertos. Sin embargo… hallaron a cinco de ellos vivos. Solamente uno había muerto de asfixia, el que tenía el reloj, es el que sabía la realidad,  los demás le creyeron.

 

Esto simplemente demuestra cómo la “fuerza de las creencias” influye en la vida. Por supuesto que si hubieran tardado más de cinco horas el resultado sería distinto.

 

Volvamos atrás con las ideas expuestas. No es fácil transitar el primer viaje del camino y hacer las ofrendas a los “elementales de la tierra”, lo material transitorio. El camino de la Verdad está bloqueado por las piedras de nuestras ilusiones y fantasías, por los guijarros de nuestros errores y por las arenosas tierras de las falsas creencias. 

Llevamos en nuestras espaldas la pesada alforja de nuestras piedras y guijarros que debemos abandonar, simplemente dejando el deseo de posesión,  logrando así la Libertad.

 

Ante la realidad del acontecer cotidiano en nuestro país y en el mundo en general, se nos presenta cada vez más imperiosa y urgente la necesidad de “creación” de pautas de pensamiento, encaminadas hacia fórmulas de evolución y progreso basadas en el humanismo, sustentado por nuestros Principios e Ideales.

 

La Fe es fuerza de inspiración y mantenimiento.

La Esperanza es un poderoso motor para la acción.

Reflexión y pensar es trabajo de afirmación y poder.

La Fe es la absoluta convicción de lo aún no probado, del conocimiento de la posibilidad real de lo que todavía no nace o se manifiesta. Es una visión del PRESENTE (o el FUTURO) en estado de gestación. Certidumbre de la posibilidad potencial de la manifestación de lo aún no materializado.

La Esperanza es el repositorio de lo potencial. Es el  motor anímico que lenta y progresivamente mueve al mundo y su civilización hacia un destino mejor.

Y, reflexión y pensar a través de la expresión de la palabra siempre que se efectúe dentro de las Reglas del Arte  ES PODER transformador.

Junio, 2016





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