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Volviendo A La Doctrina

Si Bien en varias ocasiones en el transcurso de estos años que tenemos activa la Página de Lumen hemos hablado sobre el tema, consideramos oportuno volver a tratar algunos aspectos y conceptos que sustentan nuestra orientación.

VOLVIENDO A LA DOCTRINA

 

Si Bien en varias ocasiones en el transcurso de estos años que tenemos activa la Página de Lumen hemos hablado sobre el tema, consideramos oportuno volver a tratar algunos aspectos y conceptos que sustentan nuestra orientación.

En este sentido retomamos en febrero el tema de los Mantras y en especial el Gâyatrî.

El tema principal de nuestro movimiento es la “presencia” en el Hombre del Pensamiento-palabra,  como espíritu encarnado en el ser humano crucificado en la materia.

Por ello el conocimiento de la Doctrina del Verbo  debe producir un cambio radical en nuestras vidas.

 

Estamos en el siglo XXI, el hombre moderno es un ser racional y diríamos soberbio en el sentido que ha desarrollado la Ciencia y la Técnica, ha explorado el espacio extraterrestre…

Pero así como existieron dogmas en las religiones (ahora actualizado por fanatismos religiosos) existen dogmas de la razón que considera a la misma como el único mecanismo o herramienta para el conocimiento de la Verdad.

 

En realidad el ser humano sigue enajenándose, es decir volcándose hacia afuera, tratando consciente o inconscientemente de huir de su propio mundo interno, de no ver su propia realidad interior. Continúa desarrollando su vida en medio de confusiones, penurias y miserias que él mismo va creando, llevado por sus intereses y su ambición personal, sin darse cuenta está conformado de afuera hacia adentro, modelado por un mundo que él mismo creó. Tiene la ilusión que posee libertad de decisión, pero desconoce que somos el resultado de factores que ni siquiera comprendemos cómo funcionan y que su accionar no vislumbramos, y sin embargo son los que determinan las circunstancias políticas, económicas y sociales  por las que atraviesa el mundo entero.

La doctrina que subyace en el esoterismo iniciático práctico es la Doctrina del Verbo.

Las religiones tradicionales tenían conocimiento de ello y así la encontramos en la religión judía,  en el Antiguo Testamento, en el libro de Génesis, en Bereshit,  Dios dijo, hágase… y se hizo y dijo que era bueno.

En el Nuevo Testamento, en la religión cristiana  encontramos en  el evangelio de San Juan: En el Principio era el Verbo…

Y por último en la tradición oriental hindú: La creación del mundo fue hecha a través del Devanagari (el alfabeto sánscrito).

 

Nuestro enfoque es que así como el hombre en el transcurso de su historia ha crecido en el Arte, en la Ciencia y en la Técnica, también debe crecer en el sentido espiritual, dado que ha sido dotado de la posibilidad de autoconciencia.

 

Los “Mantras” están contenidos en una parte de la Doctrina del Verbo.

La filosofía de los iniciados concibe al individuo en relación con el Universo como una esfera menor (microcosmo) dentro y relacionada con una esfera mayor (el macrocosmo).

La experiencia finita (esto es la conciencia individual) es entonces una parcialización de la experiencia mayor, la Conciencia total.

 

La Ciencia de la Doctrina del Verbo, en sánscrito se llama “Mantravidya”, de “Mantra y Vidya=conocimiento”. Como toda Ciencia tiene su vocabulario técnico que  es de suyo propio, por lo que no es necesario inventarlo, dado que existe una lengua que se ha desarrollado desde tiempo inmemorial De y Para la filosofía trascendental y ella es el Sánscrito.

 

Las palabras ordinarias, de uso cotidiano no son lo suficientemente aptas para nombrar conceptos extraordinarios  trascendentes dentro de la temática a la que nos estamos refiriendo. Por ello estamos “obligados” a utilizar palabras en sánscrito, idioma que fue, por suerte para nosotros occidentales, estudiado y “traducido” por Arthur Avalón (pseudónimo de Sir John Woodroffe, 1805-1936) en sus obras.

 

El Mundo y la Ley que lo rige es el juego (“Lila” en sánscrito) de un Principio de Conciencia (denominado “Chit” en sánscrito) que se manifiesta y goza de la experiencia. El Poder mediante el cual el Principio de Conciencia se manifiesta Es el Verbo, la Palabra, (“Vak”).

 

El fundamento básico de la Doctrina del Verbo es que todas las cosas poseen una triple existencia simultánea: objetiva, subjetiva y esencial.

Ante la mente o entendimiento común y corriente, el mundo se presenta como algo, hay objeto (materia) y hay mente.

Pero podemos considerar y ver las cosas desde otro ángulo,  otro punto de vista, con otra perspectiva.

Así el Mundo es un “hecho Psicológico” derivado de las funciones básicas  en  que el Principio de Conciencia se manifiesta, hecho cuyos términos:  sujeto, objeto y experiencia, existen solamente cuando se hallan en relación recíproca, no teniendo ni pudiendo tener realidad fuera de esa relación. Entonces, cada uno de estos términos: objeto, sujeto y experiencia es la causa necesaria de los otros dos.

 

A cada objeto le corresponde un nombre y éste tiene el poder de evocar la respectiva imagen en la “pantalla mental” del sujeto.

Aparentemente  objeto, imagen y nombre son cosas distintas y separadas pero constituyen una trilogía de aspectos complementarios y mutuamente necesarios. Responden a una única realidad, la experiencia de la Conciencia.

 

Chit” en realidad es un término intraducible, responde a un concepto abstracto con el que se designa al en sí de la Conciencia.

Tiene tres naturalezas, propiedades o cualidades intrínsecas que se denominan “Gunas”, llamadas Luz (“Sattva”), Actividad (Rajas”) y Oscuridad (“Tamas”).

Se presentan en dos estados que en la filosofía hindú se conocen como “Nir-guna” y “Sa-guna” o sea, sin y con atributos o cualidades.

En el primer estado “Nirguna” las tres propiedades está latentes, mientras que en segundo “Saguna” se encuentran desplegadas y constituyen el “proteico poder y sustancia” (“Prakriti-shakti)  mediante el cual “Chit” aparece como sujeto-objeto (la dualidad).

Cuando el Principio de Conciencia está en reposo “Nirguna” no hay objeto-sujeto-experiencia. Es la actividad la que los hace aparecer. La actividad del Principio de Conciencia se llama Palabra, Logos, Verbo, Vak.

Como la actividad del Principio de Conciencia implica pensamiento y éste a su vez requiere de la Palabra, a su vez ésta necesita el auxilio de las Letras. Éstas últimas  llamadas “pequeñas madres” (“Mátrikás”) son siempre “Mantra”.

No importa como se la utilice, sólo que cuando se las coloca en desorden producen “ruido”, de ahí que el “profano no sabe hablar”.

El pasaje del estado de latencia del Principio de Conciencia al de experiencia implica alternancia, de la fase de reposo a la de actividad. Esta alternación se cumple en tres tiempos: Creación (“Sristi”), Conservación (“Sthiti”) y Destrucción de la forma, “Laya”).

 

La mitología los representa  personificándolos en las figuras de Brahmâ, Vishnu y Rudra (o Shiva), que constituyen lo que se denomina la “Trimurti” (la tripla forma)  brahmánica.  

 

 


Brahma, Vishnu y Shiva

 

Cada uno de estos aspectos es una dualidad compuesta por la actividad y su poder. Por ello mitológicamente se las representa como una pareja. Brahma y Sarasvati,  Vishnu y Lakshmi y Rudra y Gauri. (o Shiva y Shakti).

 

Todo el Universo está penetrado por estas tres cualidades (“Gunas”), ya sea en estado latente o  en estado presente, en cada partícula de la materia, en cada unidad de conciencia, en cada criatura.

Dentro de cada uno de estos atributos el Principio de Conciencia es capaz  de cinco funciones primordiales, las cuales constituyen su desarrollo.

Así “Tamas” (oscuridad) en su desenvolvimiento produce los cinco elementos o cualidades sensoriales: Tierra, Agua, Fuego, Aire y Letra.

Tierra es el elemento de sostén o “materia” de todo orden, en la filosofía aristotélica corresponde al “cuerpo”, en la hindú se denomina “Prakriti y Prakriti-shakti” por cuya transformación “Chit” (el Principio de Conciencia) aparece como sujeto-objeto.

Agua es el elemento proteico, “aglutinante”, según Aristóteles es la “forma”.

Aire es la naturaleza expansiva, multiplicadora, volitiva,  es el Espíritu, según los griegos es el “pneuma”.

Fuego es la fuerza aparicional, en términos del transcurrir produce el devenir. Es el Sol, la potencia germinal, la fuerza de todo crecimiento y desarrollo.

Y por último la Letra es el elemento consciente objetivo. Estas apariencias denominadas “Bhûtas” a igual que sus contrapartes subjetivas, las llamadas “Indriyas”constituyen los cinco elementos de percepción (psico-fisiológicos)) o “Jñanendriyas” y son generados por “Sattva” (luminosidad): el olfato, gusto, vista, tacto y oído y también los cinco elementos de acción o “Karmendriyas”, producto de “Rajas” (actividad) y que constituyen las funciones de locomoción, asimilación, expresión, reproducción y palabra.

Por supuesto que todos derivan del único Principio de Conciencia cuya sustancia es capaz de vibrar de los modos básicos señalados.

 

Reiteramos una vez más, la actividad del Principio de Conciencia es el Verbo, no así por analogía con el lenguaje ordinario sino por identidad, pues el proceso es el mismo.

Si existe una única sustancia, el Principio de Conciencia, no puede haber dos procesos, desde la “ideación cósmica”, hasta la etapa mundana.

Este mecanismo implica pensamiento, el cual requiere necesariamente de la Palabra que está integrada por letras. Las Letras, llamadas “pequeñas madres” “Mátrikás” (como ya mencionáramos)  son siempre “Mantra”, es decir evocan y provocan los poderes naturales que constituyen el contenido de la “Mente Universal”.

 

Insistimos, no importa la manera en que se las utilice, sólo que cuando se  las coloca en desorden producen “ruido y desarmonía”, de ahí la frase afirmativa “que el profano no sabe hablar”.

Por la actividad formativa del Verbo, se organizan y se procede a  poner en orden (“Krama”) los elementos (las Letras) del nombre llamando afuera el aspecto tangible de la Creación.

En la etapa de Creación se despliega el triple aspecto (que ya mencionáramos) de lo que será el mundo ideal, tangible e intangible. O sea el Color (división ilusoria de la Luz)  el principio de la forma;  la Letra (aparente división del Verbo), principio del nombre y vibración (“Tattva”) movimiento absoluto de lo que en sí mismo es no cosa y es el principio de la materia.

Una vez cumplida la etapa de la Creación deviene la de Conservación, durante la cual se dice que “Elohim” descansa, pues el poder del Verbo  reside en los elementos que están absorbidos en la materia, no pudiendo ser discriminados.

Creación,  Conservación y Destrucción son los tres vértices de un triángulo en el que el Verbo opera sus maravillas. Son etapas simultáneas (no sucesivas)  pues en todo momento y aún durante el mismo proceso hay destrucción de una forma y creación de otra.

Los cabalistas expresan que el Verbo está yendo y viniendo por los senderos del Árbol de la Vida (Etz Jaim) para cumplir los milagros de una sola cosa.

El tema tratado, lo más sucintamente posible amerita su profundización buceando en las fuentes originales para todo aquel que desee tener un mayor conocimiento o comprensión.

Abril, 2016





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