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Actualicemos Y Reivindiquemos Las Virtudes

Seguramente los lectores que en forma más o menos frecuente nos vienen siguiendo encontrarán en este artículo muchos conceptos y frases que ya hemos expresado en otras oportunidades.

ACTUALICEMOS Y REIVINDIQUEMOS LAS VIRTUDES

 

Seguramente los lectores que en forma más o menos frecuente nos vienen siguiendo encontrarán en este artículo muchos conceptos y frases que ya  hemos expresado en otras oportunidades.

Pero estamos comenzando nuestros doce años del inicio de esta página cuyo único sentido tiene el deseo de que les pueda ser útil y “sentimos la necesidad” de reiterarlos.

 

Hoy estamos viviendo un mundo, que como lo hemos dicho, reina la confusión sobre los valores, la realidad de la Vida y el existir.

Pero hoy debemos plantearnos en forma afirmativa que estamos viviendo un mundo con miedo.

 

Sabemos que en el devenir histórico de la especie humana hubo etapas en que las civilizaciones tuvieron su  crecimiento, expansión y apogeo. Y también otras etapas de declinación e incluso de desaparición.

Estamos en una etapa en que nuestra civilización entró en una época de aparente optimismo frente a la revolución que generó los avances de la Ciencia y de la Tecnología que ha producido modificaciones en muchas estructuras, incluso a nivel social y de la comunicación.

 

En contraste simultáneamente se han producido hechos de apariciones anacrónicas que eran impensables.

 

Estamos invadidos por el crecimiento exponencial del narcotráfico que moviliza muchísimo dinero, constituyendo un factor de corrupción y de poder al margen del daño que produce el consumo de drogas, cada vez más peligrosas para la salud.

La carrera armamentista y los conflictos bélicos siguen sacudiendo a muchos países.

La trata de personas, la prostitución, el crecimiento generalizado de la delincuencia  la violencia cada vez mayor, “entraderas”, secuestros, etc... No es extraño que las familias vivan con miedo y zozobra cuando los adolescentes salen de noche a distraerse.

El peligro latente de una guerra nuclear, la utilización de armas biológicas, la contaminación ambiental y el calentamiento global del planeta con el progresivo deshielo, etc. etc.

 

Actualmente se agrega otro miedo más. Desde hace unas décadas el Occidente se siente amenazado, con total razón aunque pareciera que recientemente toma conciencia de ello, por la aparición de organizaciones radicales del fanatismo religioso del mundo islámico que constantemente declaman su intención de destruir nuestros valores y forma de vida, estimulando el odio y la orden de eliminar a los “infieles” , realizando ataques terroristas. Ya nos ha tocado en nuestro país en el siglo pasado dos atentados terroristas.

Y nos encontramos con los constantes intentos de grandes grupos humanos que huyen de la guerra, de la miseria y la falta de  un futuro constituyendo grupos de inmigrantes “ilegales” intentando llegar al continente europeo y creando el miedo de que entre ellos se infiltren militantes terroristas.

 

¡Son demasiados miedos!

 

Y el miedo es un mal consejero, por un lado alienta a su vez otro tipo de extremismos: los pre-juicios, el egoísmo, la discriminación, la xenofobia, etc. y por otro produce paralización.

 

Ante este oscuro panorama, que no podemos objetivamente negar, dado que lo vivimos cotidianamente, y que lógicamente produce tensiones emocionales y “Stress” por la presión de los acontecimientos mundiales que suceden cada vez con mayor frecuencia, incluyendo las crisis económicas que acompañan a la confusión política y económica-social, con un trastrocamiento de los esquemas conceptuales que pensábamos válidos hasta ayer, con una pérdida de ideales y valores morales y sociales. Repetimos, ante este oscuro panorama no podemos seguir siendo pasivos.












Conformismo











Estamos obligados a dejar de transitar caminos de indolencia o mejor dicho seguir llevando una vida indolente.

Y ¿Qué es llevar una vida indolente?

Es continuar con una vida despreocupada, de intereses exclusivamente personales, de satisfacer nuestras necesidades y deseos, con el estímulo de la ambición de progreso material dentro de cada una de nuestras posibilidades.

El indolente (¿derivará la palabra de no-doliente?) es pues aquel individuo que se mantiene al margen de la mayoría de las circunstancias, de ideologías que lo puedan incomodar y hacer cuestionamiento sobre su real sentido de su vida.









Es un ser humano que no le preocupa ni le interesa  en lo más mínimo investigar las causas de los acontecimientos, ni tampoco las motivaciones verdaderas de su accionar en la vida y menos participar en búsqueda de soluciones.

Quizás podemos pensar que inconscientemente ha perdido la Fe en sus semejantes, en las Instituciones, en las Ideologías, en los Valores morales y sociales, en la Humanidad en general, encerrado en su pequeño y estrecho mundo, indiferente al sufrimiento ajeno, apático e indiferente a todo lo que pueda ser un reclamo o compromiso de acción, un ser sin Esperanza…

 

De ninguna manera negamos la realidad de la existencia del accionar de múltiples ONG sinceras, que se sienten solidariamente responsables de paliar situaciones, ni la respuesta a la convocatoria de auxilio ante catástrofes naturales.

 

Pero en general vemos que existe generalizado, consciente o inconscientemente, un sentimiento de resignación.

Según un diccionario: Resignación es considerar algo como irremediable. La Real Academia Española define: “Resignarse” a conceder, someterse, entregar su voluntad y el término “Aceptar” como dar por bueno.

La resignación en el fondo siempre busca excusas, culpables. El  ser resignado espera que algo o alguien traiga las soluciones sin necesidad por supuesto de efectuar ningún esfuerzo o intento para lograrlo.

Justificará los hechos, el acontecer por causas o culpas ajenas a él. No asumiendo ningún tipo de responsabilidad  o compromiso convenciéndose que no depende de él y continúa inoperante.

 

Debemos incluir el término “Conformismo”, palabra similar a resignación, pero con una variante. Es en principio aceptar la opinión de los demás y segundo adoptar la forma (con-formarse) la función que el grupo social donde se desenvuelve espera de él, sin oponerse.

Pero consciente o inconscientemente en su mente y corazón queda un sentimiento de frustración.

Albert Einstein en una ocasión expresó: “Si nuestra civilización quiere sobrevivir debe cambiar su visión del mundo”, nosotros agregamos y el sentido de su vida.

 

Hemos llegado a una línea divisoria de la historia. El mundo  que nosotros, los seres humanos, hemos creado no es ya sostenible por mucho tiempo más, o cambia o va hacia un camino de destrucción. Y decir la insostentibilidad del mundo es decir que es necesario y debe producirse un cambio profundo y radical a nivel de la conciencia individual y colectiva.

 

El futuro ya no puede ser una continuación del presente.

 

Entonces la pregunta no es si habrá o no un cambio, sino cual será, cuando y a que precio.

Creemos firmemente que las opciones están abiertas. Todavía estamos a tiempo

 

En el desarrollo de la humanidad y sus civilizaciones no toda ha seguido un curso estructuralmente lineal. Es decir, una relación determinante compatible entre causa y efecto. Puede suceder y ha sucedido que exista una relación libre entre los efectos de los acontecimientos y sus causas. Es decir en algún instante de ese curso lineal, se introduce en una bifurcación un factor que genera un cambio en los resultados, es decir que genera la continuación de un curso no lineal.

Esa bifurcación, ese cambio en la orientación de nuestra civilización actual debe ser “macro incluyente”. Abarcar todos los aspectos. Políticos, económicos, relaciones humanas y fundamentalmente una revalorización de los Valores morales y sociales, éticos del ser humano, basados en las Virtudes y debe conducir progresivamente hacia una integración global, solidaria, basada reiteramos en un imprescindible cambio de Conciencia individual y colectivo

Y aquí ingresa como importante y decisivo elemento para generar cualquier intento de efectuar un cambio positivo. Ya sea individual, social o de cualquier otro  tipo la Esperanza.

Esperanza como fundamental Virtud que nos puede conducir a una vivencia y un nivel de conciencia diferente.













La tortuga símbolo de la Esperanza que lentamente mueve al mundo

 

Una definición habitual de la Virtud es: “Una energía moral por la cual el ser humano adopta la práctica del bien, del deber y de la justicia. Es un impulso natural hacia la honradez, una predisposición al sacrificio a favor de sus semejantes, la resolución de dominar las malas pasiones combatiéndolas con firmeza y decisión” (Cita).  

 

Nosotros consideramos a las Virtudes como fuerzas energéticas libres. Fuerzas que moldean y conforman el carácter del ser humano.

Fuerzas positivas que podemos y debemos aprovechar.

Y en el lugar central, primordial  está la conocida trilogía de las Virtudes: Esperanza, Fe y Caridad. 

El tener Esperanza representa estar en una forma particular de Ser, una determinada actitud, estar “despierto”. Es una interna disposición permanente, es un estar listo para actuar, convencidos firmemente del logro de una resultado concreto.

 

Debemos tener plena confianza y convencernos. Tomar Conciencia que la Esperanza creadora, que la Imaginación creativa convertida en “Idea” tendrá el poder de “despertar” al ser humano que se ponga en contacto con ella animándola de un vital entusiasmo, que se convertirá en una poderosísima arma que canalizará e incrementará su energía humana logrando concretar la “Idea” en acciones positivas.

Por supuesto que esta Virtud, la Esperanza, es un elemento que debe ser fuertemente incorporado a la estructura de la vida y está intrínsecamente ligada la otra Virtud de la estructura del ser humano: la Fe.

 

Nosotros, como iniciados, debemos diferenciar la Fe y la Esperanza “irracional” de la “racional”, o mejor dicho y expresado como Virtudes positivas energizantes.

En general en los seres  humanos tanto la Fe como la Esperanza son “irracionales”, en realidad degradaciones, transformaciones de las Virtudes en simples creencias e ilusiones.

La fe se degrada en creencia y la Esperanza en ilusión.

La fe como elemento consciente no es una forma indeleble de creencia. Por lo contrario es la firme convicción de lo aún no probado, del conocimiento (¿intuitivo?) de la posibilidad real.

Y la llamamos “racional” (entre comillas) por no tener otro término, racional precisamente cuando se refiere al conocimiento de lo real que todavía no nace o se manifiesta. Se funda en la falta posible de conocer y aprehender aquello que penetra la superficie de los hechos y las cosas, de las causas adentrándose en la realidad existencial.

La Fe es un poder que tiene la característica peculiar de conferir a quien la posee su fuerza realizadora, a tal punto que nada le resulta imposible al que este inflamado de ella.

Como no es una creencia, y esto es importante destacarlo, no es necesario que esté apoyada en nada, No nace de otra cosa que de sí misma. Tiene existencia propia, es Fe y punto, por ello insistimos que como Virtud es una fuerza libre, no funciona como palanca que necesita un punto de apoyo.

Como obreros constructores en el plano del Espíritu debemos aprender a mantenerla libre.

Y la Fe y la Esperanza si no están acompañadas por la Caridad están incompletas.

 

Pese a todas las circunstancias negativas y adversas, algunas de las cuales mencionáramos, que están actuando en la actual etapa de la civilización que nos toca vivir, hoy como Ayer y como Mañana, existieron, existen y existirán  grupos de seres humanos, quizás no tan numerosos como desearíamos, que ansían fervientemente la Paz, la Armonía, una Luz de Sabiduría, con respeto a la dignidad de la Vida, con un Humanismo Espiritual activo y participativo.

Sabemos que las estructuras del pensamiento están enraizadas en las estructuras del sentimiento y por ello son tan resistentes al cambio, cambio que es posible.

 

Queremos incorporar otro término: Egrégor, palabra cuya etimología proviene del idioma griego y que se traduce comúnmente como: velar, despertar.

En realidad designa una fuerza generada por la sumatoria de energías físicas, emocionales y mentales de tres o más personas con una determinada finalidad. Es una “entidad,” entre comillas, vigilante.

Los pensamientos son energía, son vibraciones más o menos sutiles que pueden acumularse en el “cuerpo mental” o expandirse.

Un grupo de seres humanos, en determinadas condiciones, que se reúnen psíquicamente, permite vibraciones fuertes e idénticas, por pensamientos de la misma naturaleza y configuran uno, con energía positiva o negativa según el género de los pensamientos emitidos y que tenderá a concretarse.

Entonces el Egrégor se supone que es un centro de Conciencia colectivo, formas psíquicas que tienen que ver o están vinculados a estados de conciencia, son pensamientos fuertemente proyectados.

Constituye un campo poderoso de  influencia, es un fluir sutil e invisible generado de un “arquetipo” que orienta un registro de lo que Carl. G. Jung denominó “inconsciente colectivo”.

 

Las Virtudes:

En este artículo simplemente  vamos a enumerar y ordenar  algunas por orden alfabético, pues todas tienen relevancia.

Comprensión, Fidelidad, Fortaleza,  Franqueza, Humildad, Honestidad,  Lealtad, Moderación, Perseverancia, Prudencia, Rectitud, Respeto, Responsabilidad, Sinceridad, Solidaridad, Tenacidad, Tolerancia, Valentía, Voluntad.

Para detalles sobre las mismas remitimos a lector que lo desee a que lea el Artículo: “Las Virtudes Morales y Sociales” de Octubre 2015 de esta página.

Enero 2017





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