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La Busqueda De Una Verdad Trascendente

Comencemos por considerar un concepto de la Verdad, comúnmente en términos informales se acepta que significa una coincidencia (o ratificación) entre una afirmación y un hecho; o la realidad de dicha afirmación, o más aún la fidelidad de una idea

LA BUSQUEDA DE UNA VERDAD TRASCENDENTE

 

Comencemos  por considerar un concepto de la Verdad, comúnmente en términos informales se acepta que significa una coincidencia (o ratificación) entre una afirmación y un hecho; o la realidad de dicha afirmación, o más aún  la fidelidad de una idea.

La palabra tiene su origen en el latín: “veritas”.

Se utiliza técnicamente en lógica, matemáticas, filosofía, religión…

Pero podemos decir que son verdades parciales y como tales no son inmutables. Como ejemplo simple se consideraba al átomo como la partícula  ínfima de la materia e indivisible, hoy se sabe que hay neutrones, electrones, positrones, quars, etc.

La Verdad en un sentido absoluto es un concepto abstracto.

Trascender se refiere a ir más allá de algún límite, o superar ciertas restricciones de un determinado ámbito. Viene de trans: más allá y scendo: escalar, elevar, pasar de un ámbito a otro,  o de un nivel a otro.

 

Ya hemos descripto en varios artículos lo que a nuestro criterio observamos  en la situación general en que transcurre esta particular etapa de nuestra civilización occidental y que se extiende e incluye a otras zonas del planeta.

Conflictos bélicos con variadas “¿justificaciones?” (entre comillas e interrogantes), actos de terrorismo internacional, crisis económicas periódicas, crisis políticas y sociales, etc.

Crisis que como afirmamos  son efectos y consecuencia, no la causa que en sí son el abandono de los valores espirituales y humanísticos, de  fundamental importancia, que es el Ser humano y el respeto por la Vida.

 

Según los estudiosos de la conducta humana consideran que hay por lo menos  tres que son comunes a todos los seres humanos: a) la necesidad de afecto, b) la necesidad de experimentar cosas nuevas y c) la seguridad a largo plazo.

Debemos tener en cuenta que dentro del reino animal (en el que nos incluimos) es el hombre el único que tiene conciencia de la muerte.

El deseo de experimentar y conocer obedece a una necesidad intrínseca del vivir.

El animal por intermedio de su instinto puede desenvolverse en su vida. Como ejemplo: en un estudio se retiraron las paratiroides (entre sus funciones es regular el metabolismo endógeno del calcio) a un grupo de ratas. Se les ofreció un recipiente con agua corriente y otro con agua enriquecida con calcio. Todas optaron por éste recipiente.

El ser humano se enfrenta con la realidad que el instinto no le es suficiente; debe enfrentar problemas diversos, desde alimentarse, buscar refugio en una vivienda, procurarse vestimenta, formar familia, trabajar, comunicarse, socializar, etc.

 

Los enormes adelantos técnicos científicos que hemos presenciado en estas últimas décadas no agotan el conocimiento en lo material, sino que requiere una “iluminación” del significado de la propia existencia.

La búsqueda de conocimiento es un hecho complejo, pues se ocupa lógicamente de cosas concretas, pero también debe abarcar cosas o aspectos más abstractos. Temas que son enfocados por disciplinas como la filosofía, la psicología y psicoanálisis, sociología, religiones…

El ser humano debe enfrentar los eternos interrogantes existenciales. ¿De donde venimos? ¿Qué somos? ¿Adonde vamos? ¿Tenemos libre albedrío en nuestras decisiones o hay una predestinación?

Anhela dar un sentido real a su existencia. Aspira autenticidad, equilibrio, pero sobre todo Paz, Armonía e Integración. Y en ello precisamente radica la necesidad de una búsqueda de una Verdad trascendente.

Y lógicamente es natural que el primer paso sea  encontrar una respuesta intelectual. Busca libros, artículos, investiga por “Internet”, concurre a conferencias, Su mente se expande en un sin fin de conocimientos que sólo pueden convertirlo en un erudito por la acumulación de datos e informaciones. Nos trae a la memoria la carta del Tarot: “El Bufón” o “El loco”.

P. Ouspensky (1878-1947) místico ruso describe así la lámina  del Tarot Nº 0 El Bufón: “Y vi a otro hombre, cansado y débil, él se arrastraba por un camino polvoriento a través de un llano desierto bajo los abrasadores rayos del Sol.

Echó un vistazo de soslayo con estupidez, los ojos enrojecidos, una media sonrisa, media sarcástica, en su cara. No sabía a donde iba, pero estaba absorbido por sus sueños quiméricos que funcionaban constantemente en el mismo círculo.

Su tonta capa estaba puesta en el lado frontal incorrecto, sus ropas rasgadas en la parte posterior. Un lince salvaje con ojos que  brillaban intensamente saltó de detrás de una roca y enterró sus dientes en su carne. Él tropezó, casi cayó, pero continuó arrastrándose hacia delante, sosteniendo en todo el tiempo un bolso conteniendo cosas inútiles que por su estupidez llevaba donde quiera que iba.

Ante él una gran grieta cruzaba el camino y un profundo precipicio aguardaba al tonto vagabundo.

Entonces un cocodrilo enorme con las fauces abiertas se arrastró hacia fuera del precipicio”
















El Bufón (o el Loco)

El loco (o el dormido) es quien va perdido y sin rumbo. Va de un lado a otro sin saber que busca ni adonde quiere orientar su destino.

Quizás inconscientemente sus sueños no eran simples quimeras, el lince (o un tábano) lo aguijoneaba para que siguiera buscando un camino pero el peligro de caer en manos de embaucadores (el cocodrilo deseoso de atraparlo): ¡Deje de sufrir! ¡Venga que tenemos el talismán de la felicidad!.

Él sin embargo sin saberlo, en su bagaje inútil tiene todavía el cetro, la espada, la copa y el oro, que pueden considerarse como símbolos de auxilio que puede utilizar en la verdadera búsqueda, sólo que no lo sabe, ¿Simplemente? hay que despertar.

Sí, hay que tener suma prudencia y cuidado en la búsqueda.

 

Pero si realmente “siente” el deseo de comprender algo más que la realidad objetiva y algunas subjetividades debe buscar la Sabiduría y la Real-ización buscando una Verdad trascendente, no se resigna, no se conforma con la simple y/o compleja cotidianidad.



 









Posiblemente (y es así) deberá desprenderse de una buena parte de su pesada carga de conocimientos y no perderse en la búsqueda.

Hay que estar dispuestos a efectuar sacrificios, y quizás el más importante es la personalidad y nuestros juicios y prejuicios, muchas de “nuestras verdades”. Reestructurar nuestros pensamientos y adquirir una visión en una dimensión diferente.

En esa búsqueda de una Verdad trascendente no debe ni es necesario aislarse, renunciar al mundo, convertirse en un asceta y/o un ermitaño.

Nunca como hoy, en esta época actual, es más fácil vivir una vida espiritual y encontrar un poco de esa Verdad trascendente anhelada, pero a la vez tan esquiva.

 

El mundo es para ser gozado. Pero se puede gozar sin estar atado, condicionado totalmente, pertenecer a la vorágine común de los acontecimientos, sentirse sujetos (atados) y limitados.

Su mente y su cuerpo pueden estar ocupados en el presente, en la subsistencia, en el cumplimiento de sus obligaciones y compromisos de la vida cotidiana (la familia, el trabajo, etc.), pero simultáneamente puede estar atento, “despierto”, ejercitar las virtudes morales y sociales. Renunciar a ser esclavo de las circunstancias.

Y ello no exige ni representa dejar de ser sensibles a la problemática humana. Sino por lo contrario, comprender que debe investigar las causas si desea hallar soluciones valederas.

Pues si es un sincero buscador de una Verdad trascendente  debe dejar el egoísmo, la ambición, la hipocresía y contribuir a la evolución  de la civilización y de la especie humana. Comprende el ineludible deber de servicio que el cambio de nivel de Conciencia logrado le impone

 

El sentido de buscar una Verdad trascendente no lo es en lo cognoscitivo, sino que es vivenciarla y ello demanda tiempo, esfuerzo, dedicación, disciplina, experiencia.

Al tratarse de una vivencia  de trascendencia significa que excede de lo puramente racional. Pero a su vez exceder el campo racional no representa que sea irracional, sino que es transracional. Significa integración entre  Fe y Razón en un nivel de comprensión.

Podemos reconocer la existencia de dos capacidades: la inteligencia racional y la inteligencia intuitiva, la Razón y la Fe.

No debería existir el pensamiento de incompatibilidad entre aquello que creemos a través de la Luz sobrenatural de la Fe y aquello que podemos conocer por medio del la Luz natural de nuestra inteligencia o ciencia.

Enfrentar Razón contra la Fe y también lo opuesto la Fe contra la Razón

son actos absurdos.


La auténtica Fe no es nunca absurda, como tampoco la Razón verdadera es incrédula.

San Agustín con excelente claridad meridiana sintetizó en una frase la fórmula aúrea del diálogo entre Fe y Razón, dijo: “Creo para entender y entiendo para creer”.

Es decir  la Fe no es un obstáculo para una mayor comprensión del mundo (“Creo para entender”) y la Razón busca razones para la Fe (“entiendo para creer”).





Julio, 2017








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