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Fe, Esperanza Y Caridad, Bases Filosoficas Para El Accionar

Muy diversas pueden haber sido las motivaciones particulares que, a cada uno de ustedes, estimados lectores, los han acercado a ingresar a esta página

FE, ESPERANZA Y CARIDAD, BASES FILOSOFICAS PARA EL ACCIONAR

 

 Muy diversas pueden haber sido las motivaciones particulares que, a cada uno de ustedes, estimados lectores, los han acercado a ingresar a esta página. Pero si han persistido entrando regularmente a ella, nos damos cuenta intuitivamente de que hay un interés sincero de búsqueda de algo que pueda trascender la mediocridad de la cotidianidad de nuestro presente, que pueda conducirnos a hallar un camino de perfeccionamiento espiritual y un cambio del nivel de conciencia que puede influir en la gestación de un mundo mejor, para una humanidad mejor templada en su espíritu, por un perfeccionamiento moral y una jerarquización de su condición y dignidad humana.

 

Para ello desde el comienzo se nos insta a abandonar la natural tendencia del hombre común de ser un mero espectador y. prepararnos.

Las estructuras del pensamiento corriente están enraizadas en las estructuras del sentimiento y por ello son tan persistentes y resistentes al cambio.

Los variados y múltiples problemas que afligen a la Humanidad son captados por el espíritu sensible del iniciado y crean una legítima expectativa de acción.

¿Qué hacer? ¿Dónde actuar? ¿Cómo hacerlo? Estas y más preguntas surgen en nuestra mente.

 

En la estructura del Ser humano está la necesidad de acción.

 

Ante los constantes problemas que implica el diario vivir, dentro de las circunstancias de nuestra civilización actual, hoy parecería que la elección sería entre una conducta violenta e irracional por una parte, para modificar las mismas y por otra parte una racional, conciliatoria, anticipadora, ordenadora y encauzadora de los cambios que intuimos necesarios. Y dicha elección compromete, creamos o no, queramos o no, seamos conscientes o no de ello, a toda la especie humana.

 

También hoy como ayer hay un numeroso grupo de seres que ansían la Luz, la Armonía, la Paz, la Convivencia, la Justicia, la distribución equitativa de bienes, el Respeto a la Dignidad de la Vida humana, la Comprensión, la Tolerancia, la Solidaridad y la Fraternidad, la conquista de la Libertad y la Igualdad.

 

 

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Como ya expresáramos en otros artículos, si nos apartamos levemente de la vorágine del acontecer, vemos que una gran masa de la humanidad sigue agitada por los vientos del momento, sobreviviendo animalmente como especie, sumergida en una “sociedad de consumo”. Otra parte, hoy constituyendo también una gran mayoría, están sujetos a un profundo pesimismo, desánimo, resignación y aún hostilidad hacia la vida. Pero existen otros seres humanos, pocos quizás cuantitativamente, pero a los cuales deberán sumarse cada vez más, que forjan y forjarán un mundo mejor, un futuro más promisorio, una condición y calidad de vida mejor, un mundo más espiritualizado, más libre e igualitario.

 

La Humanidad necesita las “construcciones” que alberguen sus aspiraciones e ideales de bienestar y progreso.

El trabajo es para aquellos que desean conocer la razón y la profunda base espiritual de la vida, los que quieren transformarse en obreros del progreso civilizador humano.

“En tiempos oscuros, nos ayudan quienes han sabido transitar en la noche. Pensemos en la nobleza de estos hombres que redimen a la humanidad. Nos recuerdan que el hombre solo cabe en la utopía. Solo quienes son capaces de encarnar la utopía son aptos para la batalla decisiva para recuperar cuanto de humanidad hemos perdido” (Extractado de Ernesto Sábato).

 

La Esperanza es un elemento decisivo para cualquier intento de efectuar cualquier tipo de cambios, ya sea sociales, políticos, económicos, etc. que nos lleva a una vivencia, Conciencia y razón mejor, de un radio de visión más abarcativo.

Se halla la Esperanza intrínsecamente ligada a otro elemento de la estructura vital del ser humano: la Fe.

La Esperanza es un elemento intrínseco de la dinámica vital. Cuando la Esperanza desaparece, la vida fenece de hecho o virtualmente.

La Fe, la Esperanza y la Caridad son Virtudes, y como tales son Poderes, Fuerzas, poderosas Fuerzas que constituyen las energías anímicas estructurales para toda acción.

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La Fe es un Poder que tiene la particularidad de conferir o comunicar su fuerza realizadora a quien la posee, a tal punto de que nada resultará imposible a quien se halle imbuida de la misma. Como no es creencia y tampoco necesita estar apoyada en nada, no nace de otra cosa que de sí misma. Tiene existencia propia. Es Fe y punto. Funciona como fuerza libre, no como palanca. Que necesita un apoyo.

 

La Esperanza a su vez, no es ni debe ser una espera pasiva ni un violentamente ajeno a la realidad de las circunstancias que estén presentes.

La fortaleza es la capacidad para resistir la tentación de comprometer la Esperanza y la Fe transformándolas en optimismo vacío, irracional e irresponsable, la Esperanza en una simple ilusión y la Fe en una simple creencia.

 

 Si estamos plenamente convencidos de la importancia y trascendencia de la Esperanza como Fuerza Creadora, convirtiéndola en “Idea”, tendrá el Poder de despertar a la mente de quienes se pongan en contacto con ella (de acuerdo a la ley de atracción) animándola de un vital entusiasmo que se transforma en una poderosísima arma que incrementa y canaliza la energía humana.  Lo importante es que la “Idea” se concreta de forma precisa, específica, iluminadora, ajustada a las necesidades del hombre.

 

Pero las dos Virtudes energéticas: la Esperanza y la Fe están íntima e intrínsecamente ligadas en su dinamismo a la que completa la trilogía: la Caridad

                                                                                                       Ésta en síntesis es Amor, no filantropía mezquina o limosna. Es ese Amor que anida en el corazón de los fieles y verdaderos iniciados, el motor de su accionar dado que es un Servidor vocativo de la humanidad.

 

De una vez  y para siempre, nos reubica en la realidad de nuestra esencia y tradición. Comprender nuestra misión y obrar asumiendo el compromiso y la responsabilidad.

Un violinista que abandonara la práctica de su instrumento y de su arte para dedicarse a la búsqueda de partituras inéditas, deja de serlo para convertirse en un investigador histórico de la música.

Así si nosotros nos dedicaríamos exclusivamente a publicar estos artículos para posteriormente entregarnos a la interpretación dialéctica sobre la moralidad, el humanismo y la espiritualidad, abandonando la práctica de las Virtudes y la Real-ización interior del Hombre Libre -que será el capacitado para efectuar la Obra constructiva necesaria- por intermedio de su método (el Arte Real), dejará de ser lo que es en esencia, para transformarse en cualquier cosa o desaparecer como agente activo.

 

¿Qué avala nuestra afirmación? La experiencia, que demuestra que todo aquello que en la Naturaleza no cumple su función degenera y desaparece.

Y esto explicaría presuponer que en el pasado los iniciados Sí sabían unirse en el cumplimiento de su específica función como constructores.

Y así es. Las obras dan testimonio: las Catedrales e Iglesias son monumentos expuestos a la historia de su labor constructiva, señalando para quienes puedan ver, el medio de sus realizaciones.

Y los llamados especulativos y por ello no menos operativos, también nos dejaron en herencia las formas político-sociales de la democracia y del liberalismo, aunque hoy en deterioro y decadencia.

También podemos percatarnos de su preocupación por la educación a través de la creación e implementación de las escuelas públicas, de su espíritu de solidaridad por la difusión y fundación de centros asistenciales y hospitales, de su sensibilidad filantrópica manifestada en las Ligas de Beneficencia, creación de asilos para ancianos, orfanatos, etc.

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¿Qué fue lo que logró que fuera decisiva la influencia de sus pensamientos?, Porqué los sencillos, modestos y quizás imperfectos prototipos creados por nuestras generaciones precedentes, tuvieron la condición germinal que demostraron?

¿Por qué una Asamblea de notables, sincera y noblemente inspirados carece de la fuerza realizadora que tuvieron las que se efectuaran de acuerdo a las reglas del Arte?

Indudablemente podemos aseverar que poseían los “secretos” de actuar a nivel de los resortes del comportamiento individual y colectivo.            

                                                                                                                Hoy decimos es urgente “la creación de pautas de pensamiento”                encaminadas hacia fórmulas de evolución y progreso, basadas en aquel humanismo ligado a nuestros ideales.

Y es urgente porque no podemos ignorar la Ley elemental de la permanente dinámica evolutiva, si no deseamos quedarnos irremediablemente excluidos de la vertiginosa transformación que sucede cada vez más rápidamente.

 

Se impone que debemos nuevamente asumir los puestos de avanzada y ser actores antes que simples observadores displicentes en el acontecer universal.

¡Como si el Universo y la Humanidad estuvieran dispuestos a esperar o acompañarnos en nuestra indolencia y/o indiferencia!

 

Hay que tomar conciencia de lo expuesto anteriormente y es necesario un “intenso trabajo unificado del pensamiento de todos los que coinciden en nuestra manera de pensar, cumplido dentro del más puro estilo del “Arte Real”, teniendo como objetivo claro la concepción imaginaria de una sociedad libre, igualitaria y solidaria, dejando atrás todo tipo de violencia y fanatismo.

No podemos, si queremos ser honestos, dejar de analizar en qué medida somos responsables por el comportamiento que nos ha alejado del trabajo metódico y sistemático del “estudio de los Misterios y Secretos de la Naturaleza y la Ciencia” y abandono de la comprensión práctica del legítimo Arte Real.

Es necesaria la recuperación del sistema, su restauración e instauración. Volver con toda autoridad, seriedad, con orden, disciplina, responsabilidad, con gran espíritu de sacrificio y enorme capacidad de imaginación creadora al sendero del trabajo fecundo al Servicio de la humanidad del que nos hemos apartado.

Si no ha de operarse esta mutación, creemos sinceramente que estamos destinados irremediablemente a perecer como movimiento, o cuanto más a subsistir viviendo del recuerdo histórico de glorias pasadas sin capacidad de agregar nada al presente ni al futuro. De actores pasaremos a ser simples relatores de las tradiciones y los logros de antaño realizados por nuestros antecesores.

 

Sin embargo, un grupo de fieles y verdaderos servidores , alentados por una auténtica orientación y vocación  de servicio, estarán dispuestos al trabajo y al esfuerzo de lograr que llegue ese tan anhelado momento en que surgiendo de sus cenizas, como el Ave Fénix mitológico, retornemos como herederos de las tradiciones de las escuelas Iniciáticas, y destelle relumbrante su vigencia imperecedera, evitando dejar burlada la expectativa de acción que todos tenemos.

                                                                                         Mayo, 2018





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